Volando voy…

Siempre me afectan de manera especial los accidentes de avión, me conmueven mucho y me ponen muy triste. Supongo que por deformación profesional. Y cuantos mas accidentes veo o escucho, y más tiempo pasa desde que dejé de trabajar en un aeropuerto, más miedo me dan.

Pues sí, lo confieso…

Después de años trabajando con aviones, sabiendo muy bien como funcionan y por qué vuelan, haciendo instrucciones de carga para los mozos de rampa, haciendo cálculos de pesos para los comandantes, dirigiendo la puesta en marcha de motores, metiéndome en las bodegas, debajo de los aviones con los motores encendidos a toda potencia, recibiendo decenas de cursos, impartiendo otros tantos, observando aterrizar y despegar tropecientos de ellos…tengo que decir que las paso CANUTAS cada vez que me monto en un avión.

Recuerdo los tiempos en los que volaba alegremente de un lado a otro en los que no sacaba la cabeza por la ventana porque no podía, cuando me hacía tanta ilusión volar en cabina y ver todos los procedimientos, cuando en medio del vuelo los pilotos que amablemente me habían hecho un hueco con ellos se giraban para atrás para hablar conmigo y explicarme cosas y el avión, ale, allí solito, sin nadie mirando si venía alguien de frente…

A día de hoy, me tengo que sentar en el pasillo porque la ventana me da vértigo, como haya turbulencias si voy con Pep le dejo las uñas marcadas en el brazo y si voy sóla,  me pongo a tararear o a silbar intentando quitarme la presión de encima, las manos me sudan, cualquier ruidito me pone de los nervios (y eso que normalmente sé a que se debe). También tiendo a despotricar contra los pilotos si veo que el avión va muy alto o muy bajo, o hace un giro inesperado (y que demonios sabré yo!!!), o si veo que se va a quedar corto de pista o se va a pasar (de nuevo, que demonios sabre yo, sentadita en mi asiento…)

Cuando emprendimos el viaje, allá por el 2006, volamos con unos billetes free que la compañía me había dado. Tal fue nuestro empeño en volar que nos admitieron en el vuelo pero nos tocó ir de pié, porque iba lleno. Así que a ratos le robábamos el asiento a una azafata cuando se despistaba, otros íbamos de pie apoyados en la pared del baño, y otros hechos una madeja en el suelo. Doce horas de vuelo de Frankfurt a Colombo, Sri Lanka. Más feliz que una perdiz.

Yo no sé lo que ha pasado desde aquel vuelo hasta el día de hoy, pero en este link que os dejo aquí abajo, vereis uno de los motivos que contribuyeron a mi psicosis aérea. Es uno de nuestros “wild trips”, a pesar de todo uno de los vuelos más tranquilos y más seguros al aterrizaje al ser un aeropuerto internacional con una pista enorme. El peor de todos, que fue el primero, no lo pudimos grabar por lo acojonaditos que íbamos (sobre todo yo). Había leido en las guías que los vuelos entre islas en Fiji eran impresionantes, por las panorámicas de aguas turquesas y formaciones coralinas. Una mierda. Yo no me acuerdo haber visto nada. Todavía recuerdo a Pep asomando la cabeza entre los dos pilotos mientras intentábamos aterrizar con el avión con los motores a full y dando bandazos a un lado a otro y diciendo: Cariñoooo! No hay pistaaaa! No hay pistaaaa! No veo la pistaaaa! Nos vamos a estrellaaaaaaar!! Y PUM, aterrizamos…en un pedacito de camino asfaltado a 50 metros de la orilla del mar y rodeados de palmeras…Pabersematao…

Quedaros con cómo van pegando las cadenas en la puerta, los bandazos de izquierda a derecha, y el impacto del aterrizaje. Y mi carita no tiene desperdicio:

ATERRIZANDO EN NADI INTL AIRPORT, FIJI, PACIFICO

 

 

Esta entrada fue escrita originalmente en:                
http://cartasdesdeasia.wordpress.com/2009/06/10/volando-voy/

Esta entrada fue posteada el Miércoles, Junio 10th, 2009 at 8:00 am ,registrada en ofertas para viajar, viajar. Puedes seguir los comentarios a traves del RSS 2.0 feed. Puedes ESCRIBIR UNA RESPUESTA, or trackback desde tu propio site.

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