La vida comienza a los 29
Recuerdo que hace nueve años, quizá ocho, quizá diez, ¿qué más da? Cogí un cuaderno en blanco y escribí todas las cosas que me gustaría hacer, ser, o tener, antes de pasar al otro barrio. Recuerdo que me inspiró más que la carta a los reyes magos. Tenía alrededor de 20 años, y parecía una pila duracell de entusiasmo, ganas, posibilidades… mis sueños eran recorrer Nueva Zelanda con una mochila a mis espaldas, hacer el Interrail, grabar una nueva maqueta de música, tirarme en paracaídas, hacer la banda sonora a un largometraje, encontrar la mujer de mi vida, visitar África, Australia… así hasta 43 sueños. El primero que emprendí fue vivir un tiempo por mí mismo en otro país: Inglaterra.
Allí me topé con “la realidad”, que me hizo currar como un capullo para conseguir un piso, un pequeño sueldo, manejarme con el sistema, aprender el idioma, hacer amigos, llegar a tiempo a todas partes… vamos, que la vida se dedicó a agotarme por el camino. Cuando estaba hecho polvo me convencí de que debía “ser realista”, que me merecía un descansito, un trabajo normal, unos caprichillos con el dinero que iba a ganar en mi nuevo, aburrido, aislado y bien pagado trabajo. Vamos, que necesitaba relajarme, y me relajé. La primera noche que dormí en mi nueva casa con mi nuevo trabajo en mi nueva, grande, cómoda cama fue maravillosa. La maravilla duró poco. El aburrimiento me esperaba. Es la recompensa que nos da la vida por no perseguir lo que realmente nos emociona.
Por mucha pasta que ganase, mucho tiempo libre que tuviera, mucho viajecito de fin de semana que me diera, dentro de mí se gestaba el sentimiento de que algo no iba bien, que había tirado mis sueños a la basura a cambio de pasta y un poco de comodidad. Ante mi frustración, las voces cercanas y familiares me decían “distraete, ve a ver una peli, tómate unas copas”…
Hoy cumplo 29. Me he distraído mucho, he visto mucho cine, y he bebido más copas de las que cualquier hígado sano debiera tolerar, y aún no me he tirado en paracaídas, ni visitado Nueva Zelanda. No he encontrado a la mujer de mi vida ni el trabajo de mis sueños. Las voces cercanas y familiares ya no sólo dicen “distraete”, sino que van diciendo “tienes una edad en la que hay que ir pensando en (rellenar aquí lo que a la OTRA persona le deja tranquilo/a)“.
Así que, el pasado martes, a punto de cumplir 29, me senté a escribir otra vez la lista. Empecé igual que hace 10 años, y llevo la semana “afilando”. ¿Qué significa para mí “viajar”? ¿Qué significa “hacer buena música”? Ya no me vale con hacer una lista de cosas generales. Los sueños hay que concretarlos.
Por ejemplo. En mi lista original de hace 10 años, yo tenía “ir a África”. “Ir a África” puede ser pasar un día en Marruecos y coger el ferry de vuelta a Tarifa, o viajar desde Addis Abeba a Ciudad del Cabo atravesando increíbles parajes naturales y visitando las capitales del continente más complejo del planeta. Ambas experiencias son “ir a Africa”, y no tienen nada que ver la una con la otra. Yo he tenido la gran suerte de ir a África, así que “he cumplido”, pero aún no he realizado mi visión de lo que es “ir a África”.
Cuando a la gente le cuento de lo de mi lista de sueños me miran raro. A la gente le parece normal hacerse una lista de la compra para ir al supermercado, otra de gastos e ingresos para la economía mensual, pero no parece normal tener una lista de las cosas más importantes de nuestra vida: nuestras metas, nuestros sueños, lo que queremos vivir mientras estamos por aquí. Quién queremos ser. Eso, lo importante, lo que realmente va a quedar en nuestra memoria, parece que lo dejamos al azar. La respuesta a la pregunta: “Si tuvieras 100 millones de euros en el banco ¿harías lo que estás haciendo? ¿qué harías “si pudieras”?
¿Cuál es tu lista? ¿Tienes una? ¿Sabes de verdad lo que quieres? ¿Has pasado de “quiero recorrer el mundo entero” a “tengo que pagar la letra del coche”? Quizá has pasado de “quiero trabajar en algo que me emocione y se me dé de coña” a “fuf, cualquier cosa, lo que sea, tal y como están las cosas…”.
Voy a bajar al trastero, a buscar la lista original y recuperar inspiración. En este blog voy a ir contando cómo voy haciendo las cosas que de verdad quiero hacer: mis viajes, mi música, y mis aventuras. No voy a aplazarlo. Mi vida comienza a los 29.
















