Al-Mamlaka al-Magribiya (Marruecos)
No podía pasar más tiempo sin hacer un post sobre el viaje a Marruecos que reina mora y un servidor hicimos este Agosto. Ha resultado toda una aventura en un escenario digno de las mil y una noches.
Aterrizamos en Fez, una ciudad de más de un millón de habitantes con un aeropuerto Micromachine. Nada más llegar alquilamos un Volkswagen Polo negro con aire (¡importante en agosto!) que nos acompañó durante 14 días. Con la ayuda de un taxista (y su cuñado) llegamos al único alojamiento que teníamos reservado, un pedazo de Riad dentro de la medina que no volvimos a catar en todo el viaje. En la ciudad visitamos la enorme medina acompañados de Hassan, un guía (necesario si quieres ver cosas y no perderte) que nos desplazó directamente a la Edad Media. Impresionante. ¡Aquello sí es un mercado medieval y no el de la almendra!, multitud de zocos gremiales inundados de una atmósfera llena de ruido, olores y colores.
Las curtiderías de Fez
De Fez nos dirigimos al este: Meknes, la ciudad santa de Moulay Idriss y las ruinas de Volúbilis. Estas últimas son la leche, según dicen las mejores del norte de África y desde mi parecer, lo mejor que he visto después de Pompeya. Tiene todo lo que aparece en Asterix: Foro, basílica, domus con enormes mosaicos, termas y un arco del triunfo en honor a Caracalla. Lo más impactante: había alcantarillado hace 2000 años en un lugar donde ahora escasea.
Alcantarilla romana
Partiendo de Meknes con destino final el desierto de arena Erg Chebbi nos adentramos en el Atlas Medio; 150 km por caminos sin asfaltar alrededor de praderas y bosques de inmensos Cedros. Allí, cuando ibamos a 30 km/h, tomamos GRAN consciencia de lo rápido que es ir a 1o0 por una general!
150 km = 4 horas
A las puertas del desierto cerca de Merzouga cambiamos el Polo por dos rumiantes. Después de dos horas de travesía por las dunas, llegamos a un oasis donde disfrutamos de la cena cocinada por un simpático bereber. Dicen que cuando se hace de noche en el desierto baja la temperatura bruscamente. MENTIRA! Allí bajo la luna llena hacía 30/35 graditos de nada. A la mañana siguiente, partimos a las 5 para “evitar” el calor y ver el bonito amanecer. Ya de camino a Marrakech, la perla del sur, pasamos por las impresionantes gargantas de Todra y Dadés entre el medio Atlas y el Gran Atlas; divisamos la cota de Jebel Toubkal, el techo de Marruecos con 4167 m; visitamos la zona cinematográfica de Ourzazate donde se han rodado Asterix, Gladiator, El reino de los cielos, Lawrence de Arabia…, y cruzamos el Gran Atlas por la sinuosa carretera de Tizi n Tichka (carretera de la película Babel).
El zorro del desierto
Ya en Marrakech aparcamos pagando la imprescindible “fee” al gorrilla de turno y nos fuimos en busca del hospedaje. Por cierto, es digno de mención que no hay pueblo o ciudad en todo Marruecos que no tenga uno o varios de estos personajes con un peto fluorescente pidiendo entre 10 y 40 Dirhams por estacionar y cuyo recibo es una rúbrica (o pertinente X) en los faros y ruedas del coche. Una vez alojados, nos introducimos en el ambiente de la plaza Jamaa el Fna: encantadores de serpientes, faquires, pescadores de refrescos, tatuadores de henna, chiringuitos de feria, monos para la foto y cuentacuentos son parte de la fauna y flora de esta plaza patrimonio de la Humanidad.
A la pesca del refresco
Dejando atrás Marrakech, volvimos a atravesar el Gran Atlas por Tizi N Test subiendo a 2100 m. Disfrutamos de las impresionantes vistas pero padecimos la estrecha carretera con barrancos sin quitamiedos que quitan la respiración. Tras hacer noche en la costera El-Jadida, nos dirijimos a Tafraoute en la región del Anti Atlas. Esta zona es bastante desconocida para el turismo posiblemente por sus malas comunicaciones y la cercanía del Sahara Occidental. Sin embargo, te puedes perder (además esto literalmente porque está sin señalizar) visitando la infinidad de grabados y pinturas rupestres que poco tienen que envidiar a Altamira y las formas que el viento ha tallado en la roca.
En busca de la gazelle (grabado rupestre)
De camino al norte, nos dejamos caer un par de días en Essaouira. ¡Este sitio es acojonante! Resguardado por la isla de Mogador, aparece una antigua fortaleza que era paso de los portugueses a las Indias. Un lugar con mucho encanto repleto de barcos pesqueros y colonizado por el mundo bohemio (como ilustre entre ellos, Orson Welles).
Tiburones en Essaouira
De la tranquilidad de Essaouira pasamos al bullicio de Casablanca, un caos vial del que no sé cómo salimos airosos. No hay paneles indicadores ni líneas en el suelo, ¿cómo se orienta un turista en Casablanca?, sencillamente no se orienta. La mejor opción, ir recto siguiendo la marea de coches hasta encontrar un lugar céntrico indicado en el mapa. Si sale mal, girar en algún lado y volver a empezar. La verdad es qué poco más hay que contar de Casablanca: una mezquita gigante que no visitamos por estar cerrada e infinidad de edificios art deco; muchos de ellos con falta de restauración.
Después de cruzar Gran Atlas, Altlas Medio y Anti Atlas, nos faltaba el Rif en el norte. Hicimos parada en Chefchaouen, un pueblo pintado de azul y blanco que merece la pena vistar. Lo sorprendente es que todo quisqui te ofrece hachis: doble cero, paquistaní, afgano,… ¿Y eso cómo puede ser? Descubrimos que la gente vivía del cultivo del quif hasta hace poco tiempo de forma legal siendo Marruecos el gran abastecedor de la UE y USA, la presión de éstos ha hecho que se ilegalice dejando a unos pocos sin modo de vida.
Azul
Y después del tour magrebí vuelta a Fez. 3200 km con un buen sabor de boca y polvo en los bolsillos.
karontte
http://karontte.wordpress.com/2009/08/31/al-mamlaka-al-magribiya-marruecos/
Esta entrada fue posteada el Lunes, Agosto 31st, 2009 at 3:57 pm ,registrada en ofertas para viajar, viajar. Puedes seguir los comentarios a traves del RSS 2.0 feed. Puedes ESCRIBIR UNA RESPUESTA, or trackback desde tu propio site.
















