Vietnam Reloaded - El Mekong

P8080130A veces la gente que me voy encontrando por el camino me pregunta sobre qué escribo y aún no he conseguido dar con la respuesta adecuada. Pero sí sé cuales son los momentos que me inspiran y a veces son los mismos…pero otras veces no.

Pueden pasar los días y uno parecerse al otro. Tanto, que pasan desapercibidos. A veces incluso pierdo la noción del tiempo, pasan los días y no recuerdo si es lunes o miércoles,  o si es día 15 o ya es 18. En esos momentos en los que me pierdo, es justamente cuando mis manos cobran vida y mi cabeza se activa. Sin embargo reconozco que no es la cabeza la principal motivadora de mis sueños. Son los momentos en los que el corazón cobra vida en los que la inspiración se cuela por la ventana y me despierta.

No tengo un motivo de inspiración sino muchos, pero todos ellos parecen provenir de un mismo sitio. Las cosas que te mueven, que te despiertan, que te hacen sentirte vivo no son necesariamente las que lo hacían hace 10 años, pero la sensación  que provocan es mucho mejor. Más sanos, más calmados, más profundos.

Enfrentarme a 10 personas que no conozco me hubiera dado auténtico pánico hace algún tiempo, y reconozco que aún antes de comenzar el viaje, la sensación estaba ahí. Tanto, que cuando escuché la propuesta me bloqueé y me encerré en mi misma negando la posibilidad. Conductas que han estado acompañándote toda la vida no se eliminan. Somos como somos. Pero sí se puede intentar apartarlas, dejarlas aparcadas en algún lugar donde no molesten, donde no interfieran con nuestro yo, el verdadero, ese que tantos años y tantos golpes nos lleva volver a descubrir y con el que nos reconciliamos en algún momento del camino.

El temblor en la voz de repente desaparece y deja paso a una sonrisa. A unos brazos abiertos, a un corazón con ganas de seguir experimentando y sintiendo los bellos momentos que la vida nos ofrece, y que muchas veces, por llevar nuestros mecanismos cerrados, bloqueados por el incesante vaivén de nuestra vida, no llegamos a reconocer.  Entonces es importante parar, reflexionar, meditar, escuchar. Y lanzarnos al abismo sin saber lo que nos espera porque al fin y al cabo son esas pequeñas o grandes sorpresas las que nos llenan de vida y cargan nuestros pilas, esas pilas que nos mueven a luchar por las cosas que queremos e iluminan nuestros rostros de felicidad.

Pusimos rumbo al Mekong en un minibus muy mini, nos habían prometido 16 plazas y en realidad las había, pero en formato vietnamita. Si lo aplicamos al español medio de a pié, las plazas se quedaban en exactamente 11. Justo las que necesitábamos. Afortunadamente dejamos la mochila grande al cuidado de nuestro amable anfitrión en el hotel, prometiéndole que volveríamos a pasar la noche en el mismo sitio.  Allí no cabía ni una mosca.

Salir de Saigón fue una liberación, aunque costó algo más de una hora dejar atrás el bullicio, el tráfico, el humo y el polvo. Los días en el Mekong suelen ser de color marrón, quizás teñidos por el reflejo de los meandros del río más largo de Asia, siempre teñidos de café con leche espeso.
El día continúa su marcha, subimos y bajamos del autobús, visitamos pequeñas fábricas familiares y vemos una y mil maneras de aprovechar hasta las migajas del arroz para darle múltiples usos. Todos aún recuperándose del largo viaje y aún con reservas, nos observándonos unos a otros intentando aclimatarnos al ritmo y la cadencia de un Vietnam que poco a poco va resurgiendo de sus cenizas.

El primer contacto con la comida es muy positivo, y es que es muy difícil encontrar algo que no nos guste dada la variedad de la gastronomía vietnamita. Se les ve aguerridos, animados, con ganas de probarlo todo y curiosos por lo que vendrá después. Me observan como interactúo con los locales, esa especie de camaradería que uno crea con los desconocidos, esa que aumenta cuanto más nos abrimos al mundo y nos mezclamos con él. Esa que permite quejarte de las cosas que no te gustan con una sonrisa de oreja a oreja y que hace que consigas sin mayor esfuerzo lo que quieres. Nos hacemos bromas, nos hablamos sin entendernos, nos sonreímos, me camuflo entre ellos cual camaleón y si  no fuera por mis rasgos, hasta podría pasar por uno de ellos en determinados momentos. Esa es la mejor sensación que uno puede experimentar en un viaje, que la gente local te trate como uno más y te haga parte de ellos.

Eso acerca al grupo al país, les anima a acercarse a sus gentes, el miedo al contacto con un mundo tan desconocido se va perdiendo y se aprende lo importante de una sonrisa en el momento adecuado, de una mirada de complicidad. Respetuoso pero seguro de ti mismo, sin perder los papeles nunca pero dejando tu huella, haciéndoles saber con una sonrisa que no eres un turista más en un viaje organizado, sino un viajero curtido a base de esos pequeños momentos como el vives ahora.

Cae la noche y con ella un incesante chaparrón que nos sorprende navegando en una pequeña barca por el río en Can Tho, de camino a la casa donde pasaremos la noche. Llegamos empapados y riéndonos a una casita familiar donde esa noche nosotros somos los invitamos. La familia nos presta sus camas – varios colchones repartidos por el suelo – y éstos pasan a organizarse un pequeño camping en la puerta cubiertos apenas por una mantita y una mosquitera. Simple life.

Es la hora de la cerveza, y el grupo se va animando. Llevamos solamente unas horas juntos pero algunos personajes ya dejan entrever quién es quién en este viaje. Hacemos unas risas antes de que al que se convertirá oficialmente en el chistoso del grupo le entra la urgencia de llamar por teléfono a la agencia con la que han contratado el viaje. Busca el número de teléfono de emergencia 24 horas,  ese que sólo debe usarse en “en caso de”. Calcula la hora que debe ser en Madrid en ese momento, reflexiona sobre el día que es – un sábado cualquiera en pleno Agosto – y marca el número en su móvil. Activa el manos libres y deja el aparato encima de la mesa, ahora dando línea. Se ven caras de sorpresa entre los presentes, alguno incluso se sonroja de vergüenza cuando alguien contesta al otro lado:

Alejandro (Madrid): Si? Diga?

Jose (Vietnam): Mira, que te llamo del grupo de Vietnam.

Alejandro (Madrid): Sí….Si? Sí! Que ha ocurrido?

Jose (Vietnam): Nada, mira…que te llamo pa decirte que estamos aquí todos juntos tomándonos unas cervecitas y pasándolo de puta madre.

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Esta entrada fue escrita originalmente en:                
http://cartasdesdeasia.wordpress.com/2009/09/16/vietnam-reloaded-el-mekong/

Esta entrada fue posteada el Miércoles, Septiembre 16th, 2009 at 8:09 am ,registrada en ofertas para viajar, viajar. Puedes seguir los comentarios a traves del RSS 2.0 feed. Puedes ESCRIBIR UNA RESPUESTA, or trackback desde tu propio site.

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