Endosar el muerto y acicalar la novia. Por Max.

Suelo permanecer poco tiempo enganchado a la caja tonta, pero hay un canal que -por cierto es el preferido de mi querida compañera- lleva por título VIAJAR y que por su temática no me disgusta, así que hay veces que es obligado el entretenerse viendo y escuchando sus historias. Creo que lo realiza la retrógrada cadena gringa la FOX, me hace gracia que cuando el tema del viaje trata de algún país de detrás del antiguo telón de acero, el comentarista no te enseña las particularidades de sus ciudades, monumentos, obras, gentes, etc. Se intuye que no domina demasiado el asunto ya que se pasa la mayoría del tiempo, especulando con la maldad del comunismo y así se puede tirar horas y horas repitiendo como un papagayo la cantinela como una machacona y persistente gotera. De acuerdo que el seudo comunismo fracasó, pero no veo que el capitalismo ande mucho más allá y pueda presumir de otra cosa, que ser el causante del mayor número de muertes -con la disculpa del hambre- en todo el mundo (millones y millones), bien es verdad que unos pocos, viven a su costa de puta madre. Con el agravante que muchos de los que abrazaron el capitalismo como la gran panacea –esos de detrás de la cortina- están cambiando de opinión a marchas forzadas, cuando comprueban que sus países se van al garete, casos como Rumania, Serbia, Letonia, Hungría están en bancarrota pese a llevar unos cuantos años de curativo capitalismo, cuyas recetas y cataplasmas lo que están consiguiendo es extender el hambre, como no se podía esperar menos de un sistema que se rige por la ley de la selva y dejando en coma –no dando de comer que es algo muy distinto- a los enfermos que decían querer ayudar.

Y como hoy es el Día Mundial de la Alimentación –payasada de turno- constatar que el tema del hambre se agrava de día en día y no creo que ahora tengan el cinismo de echar la culpa al comunismo. Se habla que ya sobrepasamos ampliamente los mil millones de hambrientos y en aumento acelerado. Las grandes potencias económicas -capitalistas por más señas- van de cumbre en cumbre y de foto en foto, sin atacar a fondo las causas del hambre que no es otro que la esencia del criminal capitalismo, hacen oídos sordos ante los gritos de alarma que surgen de las agencias humanitarias. Escuchan en silencio las peticiones de ayuda económica del PAM. Y los burócratas que administran presupuestos multimillonarios de dineros especulativos, argumentan en voz baja que “a causa de la crisis económica internacional, no hay fondos para afrontar el problema”. Sin embargo, J. Sheeran asegura que bastaría con dedicar a la lucha contra el hambre “menos del uno por ciento del dinero público invertido en ayudar a las entidades financieras” durante el último año. Ese es el capitalismo que se permite la mofa del comunismo, cuando el único país verdaderamente comunista actual es Cuba y allí no diré que coman mucho, pero como contrapartida, es de los pocos en que nadie se muere por no poder llevarse un mal garito de pan a la boca.

Continuo con otro capitulo de las andanzas del Gran Poder.

“…En la edición de diciembre de 1998 -justo en el momento en que el Banco Santander y el Central Hispano estaban negociando secretamente su fusión- La Banca publicó un extenso trabajo que ponía de manifiesto cómo el BCH había tenido cuantiosas pérdidas en el ejercicio 1994, para enjugar las cuales había «endosado» el muerto, con entero desparpajo, a Dragados y Construcciones, la importante constructora participada por el banco, cuyo presidente era a la vez el vicepresidente del BCH. Era el momento menos oportuno para que el banco mostrase sus vergüenzas en forma de tan abultadas pérdidas. No se olvide que Banesto acababa de ser intervenido por problemas de muchísima menos envergadura que los que afectaban tan directa y gravemente al BCH, cuyo presidente no ha tenido inconveniente en reconocer paladinamente que el «agujero» de su banco -y ese «agujero sí lo era de verdad- ascendía a cerca de un billón de pesetas. Por lo que todo se redujo a poner guapa a la novia para que saliese convenientemente ataviada desde el prostíbulo hasta el lugar de la solemne ceremonia nupcial.

En la información periodística de La Banca se cuantificaban las pérdidas del banco en 8.000 millones de pesetas, frente a los resultados «oficiales», que arrojaban unos beneficios de 23.010 millones. Basábamos la discrepancia ajustándonos en todo, sin quitar ni poner, a la información publicada por el propio banco y su participada. Con profusión de datos documentales, decíamos que los accionistas de Dragados, en cuya sociedad el BCH tenía un 23% de participación, se vieron forzados a asumir esas pérdidas, que en buena tesis tenía que soportar exclusivamente dicha entidad bancaria.

El origen de las cuantiosas pérdidas radicaba en las vicisitudes de la constructora Comylsa, una sociedad participada al 100% por el BCH. Comylsa había sufrido a su vez pérdidas muy importantes que la habían llevado a una manifiesta situación de quiebra, a pesar de varias ampliaciones de capital cubiertas por el BCH. En 1994, poco antes del cierre del ejercicio, el banco, en su condición de accionista significativo de Dragados, determinó por las buenas, sin encomendarse a Dios ni al diablo, que ésta adquiriera las acciones de Comylsa. Con tan forzada operación, el rojísimo balance del BCH, con sus cuantiosas pérdidas a cuestas, se transformó en el balance más resplandeciente e impoluto al mostrar unos beneficios ficticios de 23.000 millones. Posteriormente, en 1996, el banco decretó la absorción de Comylsa por Dragados, que, consecuentemente, pasó a incluir en su balance las deudas de la sociedad quebrada. Luego, Dragados compró Tecsa, una empresa que ya era suya por ser filial de Comylsa, y así tuvo que cargar también con las cuantiosas deudas que Tecsa mantenía con el banco.

En definitiva, el banco endosó de mala manera su desastrosa situación a los accionistas de Dragados, una sociedad que cotizaba en Bolsa y que, por tanto, debía contar con la, ¿cómo diríamos?, con la «protección» investigadora de la CNMV. Hay que decir, aunque pueda parecer impertinente, que del consejo de administración y de su comisión de auditoría formaba parte entonces un personaje tan relevante como el profesor Manuel Olivencia, el cual no puso objeción alguna, en ese doble carácter orgánico, a una operación tan comprometida y falta de verdadero fundamento. Sin duda el bene¬mérito maestro, a este propósito y por experiencia propia, estaba recogiendo información precisa para redactar luego tan brillantemente su famoso código deontológico destinado a su recomendable observancia por los administradores y gestores de las sociedades mercantiles.

Experiencia que ha de añadirse a la de su actuación presidencial en la Expo sevillana, cuando dimitió de improviso escandalizado y empavorecido por lo que allí veía, pero sin poner de inmediato en conocimiento de la autoridad judicial competente las marrullerías y mordidas que jalonaban la actuación «pellona-ria» de los gestores. Digamos de paso al hablar de Dragados y Construcciones en el escándalo de Comylsa, que la inmensa mayoría de las obras «expositivas» en Hispalis se hicieron precisamente por Dragados, a cuya plantilla había pertenecido el «pellón de pellones», cuando Dragados y el BCH eran una y la misma cosa, lo que siguen siendo en nuestros días.

Como era de esperar, nuestra información, asentada en una abundantísima prueba documental, no agradó para nada al ilustre consejo del BCH, por lo que, unos días después de publicarse, el banco nos exigió por conducto notarial la rectificación, aunque sin precisar qué aspectos de lo publicado por nosotros podían contener cualquier error o ser motivo de discrepancia. La Banca, siguiendo una norma inveterada en su conducta, se mostró dispuesta a la rectificación que se nos pidiera, a condición de que el banco concretase en qué puntos de la información se había producido cualquier falta o error por nuestra parte. Como contestación a un ruego que parece tan razonable, el BCH, sin previo aviso, interpuso ante los tribunales de Barcelona dos demandas judiciales -así, a pares-: una por intromisión en el honor y otra por daños y perjuicios.

No dejaba de resultar extraño que una información, a la que se calificaba sin rebozo en los escritos de falsa e injuriosa por afectar injustamente al honor de la entidad, lo que le había ocasionado -se decía sin prueba alguna— daños por cifras multimillonarias, no hubiera dado lugar a una querella criminal, sino a sendas reclamaciones civiles en los dos procedimientos mencionados, ambos basados en los mismos hechos. Y más si se tiene en cuenta que la información publicada por nosotros ponía de manifiesto -y así se decía literalmente- que los administradores del BCH, en perjuicio de los accionistas de Dragados, podían haber cometido presuntamente un delito societario y otros de falsedad en documento público, estafa y apropiación indebida. La demanda del BCH sostenía que nuestro trabajo «contiene afirmaciones que afectan al prestigio y buen nombre de la entidad bancaria en el ámbito de sus relaciones sociales respecto del objeto que constituye su negocio».

Los titulares del artículo que, según el demandante, concernían de manera tan grave y abrumadora a su buen nombre eran éstos, entre otros de menor calado: «El Central Hispano falseó su contabilidad para ocultar pérdidas. El banco se aprovechó de los accionistas de Dragados al transferirles las mismas». Se refería también la demanda a otros reportajes que llevaban por título «El BCH traspasó sus pérdidas a los accionistas de Dragados y Construcciones» y «El BCH cambió pérdidas de 8.000 millones por beneficios de 23.010 millones a costa de Dragados y Construcciones», en los que, sobre una prueba documental inconclusa, no habíamos dudado en afirmar: «Para evitar que fuera conocida la verdadera situación patrimonial de la entidad crediticia sus máximos responsables incurrieron en presuntos delitos societarios, como son la falsedad en documento público, estafa y apropiación indebida»; o esto: «La manipulación de cuentas del BCH Hipotecario alteró los resultados del banco». Estos y otros párrafos, extraídos de los reportajes publicados por nosotros, motivaron la insospechada indignación de los responsables del BCH, sin duda al ser conscientes de que cuanto habíamos dicho en el periódico respondía a la realidad más absoluta.

Incluso la opinión del redactor, según la demanda, se tildaba de calumniosa por haber escrito párrafos de este tenor: «La ocultación de dividendos negativos parece ser una imagen de marca del BCH», «..lo que no es tolerable es que, abusando de la posición que se ostenta, se perjudique al prójimo» o «se le puede llamar de mil formas distintas pero en el fondo, lo que se hace es robar». Lo
cierto es que la información publicada era el fruto de una rigurosa investigación, no obstante lo cual el procedimiento judicial resultó particularmente duro; no en balde la acción procesal promovida en nombre del banco estaba dirigida por uno de los bufetes más elitistas de la ciudad condal. No quedó concepto alguno por debatir, ni cualquier línea de nuestro trabajo que no tuviéramos que acreditar documentalmente, lo que hicimos al punto y con muchísimo gusto ante el Juzgado que conoció del proceso.

Por irritante que le resulte al banco demandante, la información publicada por La Banca se ha reconocido judicialmente como veraz. La magistrada Rosa María Agulló Berenguer, titular del Juzgado de 1a Instancia número 2 de Barcelona, dictó en el caso sentencia absolutoria actualmente recorrida por el banco, de la que nos limitamos a transcribir este pasaje, tres breves líneas, a fin de sacar tan solo los colores a nuestro poderoso contrincante en lo mínimo imprescindible:
«De ahí que quepa hablar de la veracidad de la noticia en cuanto que para su obtención se observaron las condiciones de corrección en la obtención, y que con profesionalidad se efectuaron las oportunas averiguaciones.»
En suma, tratándose del Banco Santander y el BCH, queda claro, una vez más, que Dios los cría y ellos se fusionan…”

Abu-Dhabi, la casa del sultán

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Abu-Dhabi, la casa

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