¿Te hallas?

9h30 de la mañana del martes 17 de noviembre de 2009. Acabo de despedir a mi abuela y a mi madre. Es una sensación extraña. De “déjà-vu”. No sé muy bien lo que estoy haciendo. “Estás cogiendo un avión”, me digo. Y aun así miro a todas partes, a la gente que me rodea y que espera aburrida y ansiosa subirse a algún trasto con alas que les lleve a ninguna parte.

Playa de las Canteras

Playa de Las Canteras

“¿Dónde estás buscando?”, me preguntaban. Me lo han preguntando durante los últimos cuatro años. En cualquier sitio. Allí donde esté lo que estoy buscando. Aunque no lo sepa todavía. Una búsqueda insensata en lo familiar, necesaria en lo personal e intrascendente para el futuro de las generaciones. Pero una búsqueda al fin y al cabo que ha sido el motor de mi vida. Servir para algo.

¿Y ahora qué? Me voy a subir a un avión que me llevará a Las Islas Canarias. A la provincia de Las Palmas. A la isla de Gran Canaria. A la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Al barrio de… A todo esto, ¿dónde quiero vivir? Apenas conozco la ciudad. Tan sólo sé que no es una ciudad de barrios definidos por parámetros típicos, aquellos que definen el tipo de vida que quieres desarrollar y en torno a los que va a girar tu rutina. Parámetros que te definirán como “del barrio de tal o cual”.

Las Palmas de Gran Canaria (en lo sucesivo LPGC) no funciona así. Es una ciudad que se conoce andando, que se comprende paso a paso, que en taxi asusta y en guagua espanta. Sin embargo, mientras caminas por las callejuelas y avenidas de LPGC las neuronas se activan, se excitan. Y te despiertas en una ciudad nueva, no tan fea como la de tu último recuerdo de edificios sesenteros. Y sigues caminando y caminando. Y observas las guaguas pasar y pasas las paradas sin señalizar. Y cuando te quieres dar cuenta estás en la otra punta de la ciudad.

“¿T’ashas?”, me pregunta la vecina del tercero. No la entiendo. Me repite varias veces hasta que vocaliza para esta pobre peninsular: “¿Te hallas? Vamo’, ¿que si te ashas en la siudad?” (le cuesta pronunciar la “ll” correctamente y no digamos la “c”). ¡Ahhh! Ahora la entendí. “Pues la verdad, tan sólo llevo dos semanas en la isla, pero supongo que sí, me voy haciendo a la ciudad”, le contesto. Y el ascensor se abre y me indica su casa y me dice que su puerta es la de la plantita verde junto a la luz. Yo le digo que muy bien y nos despedimos amablemente.

La gente de Las Palmas de GC es amable. Te hablan por la calle. Te cuentan su vida sin conocerte. Es anécdota común en LPGC, entre los recién llegados, el haber encontrado a un/a amable grancanario/a en la parada de la guagua que, tras preguntar algo así como “¿La 25 pasa los domingos?”, entabla una profunda y extensa conversación que derivará en los detalles más macabros de su vida y en un intercambio/ofrecimiento de números de teléfono. Mi “grancanaria guagüera” se llamaba Victoria y me llamó el viernes para invitarme a una cerveza en su casa. No pude ir, esperaba la llegada de Internet a mi nuevo hogar, vía los simpáticos operarios de ONO.

Todo aquí lleva un ritmo distinto. “Tranquilo, tranquilo… Mañana, mañana…”. Fiorentina, mi amiga chipriota, dice que Gran Canaria es la isla “Jalará” (χαλαρά), término en griego que vendría a ser algo así como mezclar “pachorra” y “mesinfot”. Los lugares con buen tiempo hacen a las personas distintas. Nada importa, no se estresan. Hay tiempo suficiente y si no hace frío no importa esperar la guagua 35 minutos ni que te den un volante de urgencias en el médico para dentro de un año.

Gran Canaria tiene la cesta de la compra más cara de España y Mercadona hace su agosto. El último año ha sido la comunidad autónoma que más ha sufrido la caída del turismo, seguida por la Comunidad Valenciana, y se calcula que Las Islas Canarias perderán toda una generación de jóvenes, al verse obligados a desplazarse a la península en busca de empleo. Pero oye, “jalará”.

Fiorentina es profesora de griego y latín en un colegio de GC. Nacida en una isla, ha ido a parar a otra isla. Aprende español a su manera y por su cuenta. Y se muere de la risa con los canariones y con todas las similitudes que encuentra entre esta y su isla. Le enseño dos palabras útiles al día en español y ella a mí una en griego. Ahora ya ha aprendido a utilizar “ligue” y “mola” (aunque aquí en las islas no se usa) y sabe la diferencia entre estar calvo y hacer un calvo. Yo el otro día aprendí “gamoto”, pero ahora no me acuerdo de qué significa… Por cierto, esta isla (no sé las demás) está poblada por calvos… Es algo comentado incluso por ellos mismos. ¡Tengo que buscar datos que lo corroboren porque es increíblemente cierto!

Tanto ella como yo, somos extrañas en esta tierra en la que arrasa el paro. Se nos mira con recelo. A mí me preguntan si, además de “godos” como yo, había otros canarios haciendo entrevistas para mi puesto de trabajo. Y se nota desolación en las calles.

Pero los días pasan. Anochece y amanece, como en todas partes. Me levanto, voy a trabajar, busco algo que incremente mi vida social, lo encuentro, y mejor o peor me voy a dormir. Encontré mi barrio: Guanarteme en la playa de Las Canteras (La Cícer). La zona está llena de academias de surf, niños jugando al fútbol, familias paseando y barecitos pa’ tomar unas cañas. Desde la ventana del dúplex veo un pedacito de mar y otro pedacito de montaña y aunque la casa no está de recibo todavía para organizar actos sociales, a escasos cinco minutos andando, se encuentra La Plaza de la Música, lugar donde acaban la noche todos los gatos pardos.

¿Te hallas? Pues estoy en estado de shock por la cultura grancanaria. Pero si no me hallo, me hallaré. Que “pa’ eso he venío”.

Mi humilde hogar

Mi humilde hogar

Esta entrada fue escrita originalmente en:                
http://menturbacion.wordpress.com/2009/12/04/%c2%bfte-hallas/

Esta entrada fue posteada el Jueves, Diciembre 3rd, 2009 at 6:45 pm ,registrada en ofertas para viajar, viajar. Puedes seguir los comentarios a traves del RSS 2.0 feed. Puedes ESCRIBIR UNA RESPUESTA, or trackback desde tu propio site.

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