I love Bali
Qué contenta estoy de estar de vuelta en mis arrozales. De nuevo, y a pesar de mis ganas de escribir – que me duraron poco – ha sido imposible asentar el trasero en un ordenador tranquilo con el tiempo suficiente como para parir un post. Así que este blog ha vuelto a estar 3 semanitas en el dique seco a falta de tiempo e inspiración.
Este viaje a Vietnam ha sido muy diferente al anterior, pero eso yo ya lo sabía. Como siempre, la ruta motera se llevó el premio a los días mas inolvidables del viaje, y es que los chicos de los Easy Riders siempre están ahí para cuidar de los viajeros, y parecen estar cogiendo el gustillo a esto de los grupetes españoles. Cualquier día me sorprenden bailándose unas rumbas… aunque creo que será harto difícil porque los pobres poner, le ponen muchas ganas… pero son arrítmicos totales. Aunque hagan un intensivo. Aunque vayan a España a aprender. Da igual. La coordinación corporal no es lo suyo. Menos mal que alguno, al menos, canta bien.
El viaje ha sido duro, sobre todo al principio. En el grupo había gente diferente con prioridades diferentes. Si hay algo que les pediría a todos en general es que en el futuro, escuchen más. Yo también he aprendido mis cositas, por supuesto, siempre lo hago. Al final, hubo lágrimas varias en el aeropuerto de Hanoi y es que me dio mucha pena dejarles. A pesar del caos de algún día hubo mucha risa, muchas canciones y algún que otro bailoteo. Yo sufrí viendo tensiones que poco a poco apaciguaron – a veces el papel de la chica de en medio es difícil y más cuando buscas unidad – pero disfruté cada momento, dejando que las piezas fueran encajando. En los últimos días del viaje solté tensiones y decidí que también era momento de disfrutar para mí, a veces me tomo mi papel demasiado en serio y me olvido de que allí soy una más, otro compañero de viaje que trata de divertirse y disfrutar junto a los demás. Creo que lo acabamos haciendo todos, cada uno a su manera. Para mí ha sido otro viaje inolvidable.
Vietnam no deja de sorprender y yo, pensando que lo odiaría de por vida, cada día le voy cogiendo mas cariño.
Hizo un frío que pelaba en el Norte y no, yo no estaba preparada. Así que como souvenir de esas maravillosas tierras me he traido una gripe, que espero sea sólo la común, y aquí estoy, con un calor insoportable en mi lindo Ubud, con dos edredones encima, kleenex en mano y spidifen al lado, a la espera de que llegue Pep.
Y que me quiten lo bailao, no?
















