Resacas post-viaje
Dicen que a veces nos damos cuenta de las cosas demasiado tarde. Pero también dicen que nunca es tarde si la dicha es buena.
Los viajes son uno de esos fenómenos que revuelven nuestro interior. Que nos hacen pensar, meditar. Que nos abren los ojos. Que agrandan nuestros corazones. Compartir un viaje con personas que no conocemos es una experiencia arriesgada pero también enriquecedora. Nos obliga a compartir, a escuchar, a ceder. Y si prestamos algo de atención a nuestro entorno, si abrimos nuestros oÃdos, estaremos seguros de poder empaparnos de la esencia de otros y ver más allá de lo que la vista alcanza con una simple mirada.
No siempre es sencillo compartir. A veces lo más fácil es criticar sin ponernos en la piel del otro. Hablar por hablar, dejarnos llevar por primeras impresiones que a veces cuentan mucho, y a veces nos cuentan todo al revés. Es importante mantener nuestra mente abierta, ser tolerantes y comprensivos. Dejar de hablar por unos instantes para permitir que los demás se abran a nosotros, poder aprender de nuestro entorno.
Muchas veces uno comienza un viaje lleno de adrenalina mezclada con mucho estrés, acumulado por los meses de trabajo. A medida que el viaje transcurre se va olvidando el dÃa a dÃa y uno comienza a relajarse. A veces, no es hasta que llegamos a casa que nos damos cuenta de lo que hemos disfrutado. El ritmo vertiginoso del viaje es a veces peligroso porque puede nublarnos los sentidos. A veces es ese mismo ritmo el que nos hace entrar en un estado de trance total donde sale el verdadero yo de cada uno, para bien o para mal. Y una vez que el viaje acaba, nos damos cuenta de que se acabó, que ya no hay marcha atrás. Que los momentos que vivimos no volverán y a veces nos arrepentimos de no haber hecho o dicho determinadas cosas, cosas que regresan con nosotros a casa y que hubiéramos deseado se hubieran quedado allÃ.
Pero para eso son los viajes. Medios de aprendizaje, abridores de mente, puertas abiertas a nuestro interior. Cada viaje es una experiencia. Con cada aventura aprendemos a ser mejores personas, y compartimos momentos especiales con personas maravillosas.
Yo cada vez que regreso de un viaje tan intenso me bloqueo. Es tanta la energÃa que pongo, tanto el entusiasmo en que todo salga bien, que me cuesta desprenderme después de tanta intensidad, volver a coger el ritmo lento de los arrozales. La resaca post-viaje aumenta cuando llega el momento de volcar las fotos al ordenador, de revivir una y otra vez infinidad de momentos que perduran por duplicado en el tiempo y en el espacio… Pero que también nos ayudan a valorar más objetivamente los momentos que vivimos y que a veces no nos da tiempo de procesar por la velocidad del viaje.

Equipo hispano vietnamita de Noviembre al completo. Gracias a todos por las risas y los buenos momentos!
















