2010

Llevo poco más de una semana en Lille, ocho días tocándome las narices tanto o más de lo que me las toqué en Madrid durante la Navidad. En mi ciudad comí como hacía tiempo que no comía y olvidé la distancia que me separa de mi familia y mis amigos. Además, despedí el negro 2009 sin la Estebán, o lo que queda de ella. Di la bienvenida a un nuevo año, que no a una nueva década pues el contador empezó en uno, cargado de ilusiones y proyectos. Típico tópico de cada uno de enero que normalmente no pasa del exagerado autoengaño. Yo no tengo vicios que dejar ya que tengo aprendido aquello de fumar mata y el café, de momento, no entra en los planes totalitarios del Gobierno. Quisiera, incluso, retomar algún vicio pasado del que esta entrada constituye, tras un mes alejado de mi blog, un pequeño primer paso. Sin embargo, el grueso de mis propósitos tienen Lille como telón de fondo.

Con el año empezó, aunque técnicamente no sea así, mi segundo semestre aquí. Me quedan seis meses de Erasmus, varios más de los vividos, y no quiero desaprovecharlos. Hasta ahora he disfrutado como un niño y, sin duda, he aprendido mucho. Pero al volver la vista no puedo negar que mi Erasmus no ha sido un Erasmus al uso. No quiero sexo y desenfreno, que aunque puede resultar apetecible debe de acabar empachando. Quiero conocer gente del mundo entero y viajar por Europa. También quiero un coche y una casa en el campo, pero eso es otro asunto. Ahora en serio, es cierto que durante los últimos meses he conocido grandes personas que siempre ocuparán un hueco en mi vida, pero no dejan de ser, en cierto modo, una prolongación de Madrid. Quiero reirme con un chino, pillarme a una francesa, bailar con una alemana o beber algún licor infecto de algún pequeño pueblo griego. Son ejemplos del verdadero Erasmus y no lo he leído en un foro chungo de Internet, se lo he oído a amigos míos que, al igual que yo, decidieron cambiar de aires este año.

Y quiero viajar más porque me da vergüenza contar que estoy en medio de Europa y no he ido más allá de París y Brujas. El próposito de enmienda es, ahora sí, más real. El domingo visité Roubaix, un pueblo al lado de Lille en el que hay una bonita plaza y un outlet. No hay más, pero se llega en metro. De momento, y tras la experiencia, el turismo rural queda aparcado. Ya habrá tiempo de visitar el pueblo de Bienvenu sur le ch’tis (Bienvenidos al Norte, vamos) y es que, ahora mismo, tengo en mi agenda viajes algo más exóticos. A mediados de febrero visitaremos Praga y Budapest, y algo después pretendo escaparme a Londres. Ya os contaré… siempre que me anime a escribir y que alguna francesita no me deje sin tiempo.

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