Una versión más al estilo Inkaterra

En la Casona —el nuevo y exclusivo hotel boutique en Cusco— lo que realmente llama la atención es lo sutil de su elegancia.
Por Eva Muñoz Ledo | diciembre 2009 – enero 2010 | Revista Travesías

Lo hemos visto todos, la democratización del lujo ha hecho de los atributos del fausto hotelero un lugar común: portero de casaca y guantes blancos, vestíbulos con pisos brillantes y una asepsia estandarizada que impregna a los hoteles del mismo olor de Cancún a Bangkok. Los recepcionistas suelen dirigirse al huésped por su apellido pretendiendo que el servicio es personalizado, aun cuando tenemos la habitación 520, a la cual el bell boy de uniforme y quepí lleva solícito nuestro equipaje.

Hoy hay una clase de hotel que ha reinventado el mito del lujo, cultiva la exclusividad de la clientela y una elegancia sin ostentación. Su valor radica en lo auténtico. Resulta caricaturesco, pero es la diferencia entre lo grandote y lo grandioso. En Cusco, Perú, La Casona de Inkaterra corresponde a este estilo de estancia. Para empezar, el hotel boutique no tiene insignia alguna, lo cual remite a uno de los códigos del lujo auténtico: su carácter confidencial. Vista desde el exterior, su sencilla fachada blanca con ventanas cubiertas de postigos verde brillante disimulan el señorío de esta casona del  siglo XVI, clasificada como MonumentoNacional. Tras el portón está apostado un portero, atento a la llegada anunciada de un huésped, quien confirma que estamos en la dirección correcta.

Llegamos a Cusco un día por la noche, después de un trekking de cinco días que recorre los Andes desde Salkantay a Machu Picchu y nos sentíamos exhaustos. La persona que nos abrió la puerta nos condujo a una estancia con unos sillones que me parecieron los más mullidos del Perú, una chimenea encendida que entibiaba la pieza y luces indirectas. El espacio era íntimo y reconfortante. Ni por fuera ni por dentro La Casona parece un hotel; en el interior no hay mostrador de recepción ni personal uniformado aquí y allá. Alguien más llegó con una charola de plata para ofrecernos té de hojas de coca, bebida típica de la región, ideal para los 3 350 metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra esta ciudad, una de las más altas del mundo.

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