Rico rico
¿Qué quieres ser de mayor? Difícil pregunta que, desde que tenemos uso de razón, no hemos parado de oír. Con el tiempo, uno va creciendo y cada vez ve más claro aquello a lo que va a dedicar el resto de su vida. Algunos descubrimos tiempo atrás, casi por accidente, nuestra vocación. De hecho, hace años que me imagino escribiendo en algún periódico, siendo feliz a pesar de no llegar a fin de mes. No sólo de pan vive el hombre, aunque cuando uno visita Londres, los términos dinero y felicidad aparecen irremediablemente unidos.
Hacía casi cinco años que no pisaba la grandiosa capital inglesa y, pese a que recordaba todo cuanto hay que visitar, no ha sido hasta ahora cuando me he enamorado del british way of life. Si atendemos al tipo de cambio, una libra vale más que un euro pero lo cierto es que, en la práctica, vale mucho menos. El dinero y el tiempo vuelan mientras uno se ve absorbido por una espiral de consumismo. Los caprichos se convierten en necesidades en cuanto uno empieza a pensar ¡total, es un fin de semana! o ¡no sé cuándo volveré! En todos lados hay ropa bonita, de hecho, hasta en HyM encontre cosas; y las discotecas son tremendamente divertidas. En los clubs (léase clabs, que si no hablaría de clubes) cobran por respirar y las copas valen un dineral pero, a pesar de la cara de gilipollas que se le queda a uno al comprobar los tickets de la noche anterior, uno no cree que haya otro plan mejor que ir a Merah o a Cuckoo. Las calles están llenas de cochazos. Bentleys, Jaguars y Porsches, entre otros, circulan en sentido contrario al ordinario para deleite de todos, hasta para los poco puestos en el tema como yo.
Allá donde mires, Londres te hace desear ser rico. Pero no rico a secas, si no rico rico, como diría Karlos Arguiñano. Y es que, aunque me han enseñado que no se habla de dinero, la ciudad del Támesis lo convierte en un tema clave. Tan clave que, charlando con un gran amigo que estudia allí, me planteé si de verdad sería feliz con lo justo para vivir. Pensé que no. Descartadas, por sus complicaciones, la idea de convertirme en el nuevo Carlos Herrera y la de de casarme bien, empecé a buscar otras opciones. Al final concluí que podía escribir un bestseller o montar una franquicia de McDonalds para, entonces sí, dedicarme al peridoismo puro y duro. Pero luego volví a Lille, a mi casita, a mi política de ahorro… y me di cuenta de que nunca voy a vivir en Londres. Seguramente nunca sea rico (y menos rico rico) pero tendré mis palabras y, si Dios quiere, algo más valioso, alquien que las lea.
NOTA: Como éste es, aunque a veces no lo parezca, un blog sobre la vida Erasmus en Lille, me gustaría recomendar a todos los futuros visitantes coger el Eurostar para ir a Londres. No es publicidad, de hecho, ojalá me pagasen por valorar lo cómodo que es tardar hora y media de centro a centro de las ciudades.
http://unerasmusenlille.wordpress.com/2010/02/24/rico-rico/
Esta entrada fue posteada el Martes, Febrero 23rd, 2010 at 6:29 pm ,registrada en ofertas para viajar, viajar. Puedes seguir los comentarios a traves del RSS 2.0 feed. Puedes ESCRIBIR UNA RESPUESTA, or trackback desde tu propio site.
















