Comer, beber y borreguear en Toledo (y Madrid)
Ya va siendo hora de acabar los posts sobre la visita a Toledo, que ya hace como un mes que fuimos y la cosa ya se está alargando demasiado. ¡ Así que aquí tenéis la última entrega!
Para conocer bien un lugar, no basta con recorrer sus calles o ver sus monumentos, también hay que comer su comida, al menos si lo que visitamos está en este país (nunca se me ocurriría ir de ruta gastronómica a Inglaterra, por ejemplo).
Y por supuesto, si se va a estar todo el día por ahí recorriendo calles y visitando sitios hay que empezar la mañana con energía, es decir, con un buen desayuno. Y en eso estábamos cuando llegamos a Toledo, buscando un lugar en el que desayunar cerca de la Puerta de la ciudad, cuando de repente el agudo olfato de Yishana nos advirtió:
-¡CHURROS! ¡Huelo a CHURROS!
Efectivamente, a unos cuantos metros de distancia (que el olfato de Yishana es muy agudo) encontramos una churrería barata y con pinta de cutre, pero nada más lejos de la realidad, porque desayunamos unos churros con chocolate im-pre-sio-nantes. Buenísimos. Tan buenos que hasta repetimos, y que nos cargaron las pilas completamente. Después de eso tuvimos fuerzas suficientes para andar por toda la ciudad y subir y bajar cuestas sin parar.
Pero la energía tarde o temprano se acaba y llegada la hora de comer, ya con Radwolf y la Reina del Hielo junto a nosotros, fuimos a un sitio que no puedo dejar de recomendar si se visita la ciudad; se trata de La Abadía, un restaurante en el que nos hinchamos a comer raciones, y tapas espectaculares (por su calidad y por su cantidad), a un precio más que asequible. Ah y lo más importante ¡tienen cervezas de importación! Lo dicho, esto sí que es una visita obligada. Nuestras llenas y satisfechas panzas nos lo agradecieron muchísimo.
Después de tanto comer volvimos de nuevo a caminar, y seguimos visitando sitios, como ya conté en mis anteriores posts. Y bien entrada la tarde estábamos reventadísimos, por lo que fuimos a descansar a una tetería. Una tetería es un local en el que te sirven todo tipo de tés (y según el sitio, también batidos). Las buenas de verdad suelen estar decoradas con estilo árabe o andalusí. Por mi Andalucía natal son muy habituales y están por todas partes pero por Barcelona son más difíciles de encontrar y yo las echo mucho de menos, así que el lugar me provocó un bonito ataque de nostalgia. Lo bueno de estos sitios es que tienen unos sillones y cojines comodísimos en los que te puedes tumbar y repanchingar a gusto, y a veces tienen como minisalas con una sola mesa o dos en las que te puedes sentar un poco más escondido del resto de la gente, y justo en una de esas salitas nos colocaron a nosotros. Y allí estuvimos un buen rato, charlando de todo e hinchándonos a beber té negro con jazmín. Pasadas un par de horas, y como no cabíamos todos en el coche, Querdelf se fue a llevar a Raúl y a la Reina a Madrid mientras Kamechan, Yishana y yo nos quedamos esperando a que volviera a por nosotros. Ahí es cuando empezó el auténtico despiporre, haciéndonos fotos de todo tipo para pasar el rato, planeando futuros viajes, riéndonos de nuestras cosas, y todo culminó en el mágico momento en que Yishana y yo nos pusimos sendos pañuelitos recién adquiridos y aprovechamos la música árabe de fondo para a practicar nuestra coreo de la danza del vientre, mientras las pavisosas de la mesa de al lado nos miraban con una cara que mezclaba sorpresa y envidia. ¡Fue uno de los mejores momentos del día!
Rico té moruno
Luego por fin el elfo vino a recogernos, y vivimos una auténtica odisea para reunirnos todos de nuevo en Madrid, pero como ya la contó Kamechan en su Kamecrónica no la relataré otra vez. El caso es que cuando llegamos al restaurante ya llevaban un rato mirando con mala cara a esa mesa de ocho que estaba ocupada sólo por cuatro personas desde hacia una hora. Pero finalmente llegamos, y ese fue otro de los grandes momentos estelares de la escapada: por fin conocimos a Tita Hellen y a Darith, su santo, y por primera vez, se llegaron a juntar 4 miembros del Consejo Malvado del Club de las Malvadas. ¡¡¡¡La mayor reunión de Malvadas en persona acontecida hasta la fecha!!!! El restaurante era una especie de japo-chino-coreano con unos menús la mar de apañaos y baratos, y entre bocado y bocado nos reímos contando nuestro viaje y otras historias, y Hellen y la Reina relataron anécdotas e historias de su club de rol, algunas de lo más divertidas y desternillantes. Fue una cena memorable, sin dudarlo. Estuvimos allí hasta que nos echaron del restaurante porque cerraban.
Documento gráfico irrepetible
La mayor concentración de Malvadas por metro cuadrado hasta la fecha
Entonces volvimos a dividirnos para la vuelta; Querdelf y Yishana llevaron a Radwolf y a la Reina a Illescas y Hellen y Darith se fueron a sus casas, no sin antes llevarnos a Kamechan y a mí a algún bar apañado en el que pasar el rato mientras Yishana y Querdelf volvían. Y allí estuvimos, a base de cerveza y pipas, y con mucho sueño, mientras esperábamos y charlábamos un poco de todo. Cuando por fin volvieron a por nosotros y volvimos al hotel estábamos todos absolutamente exhaustos. Tan exhaustos que desechamos la idea de levantarnos relativamente temprano y volver visitar Toledo a la mañana siguiente. Nos levantamos algo más tarde y nos metimos directamente en el coche para realizar el viaje de vuelta. Así acabó nuestra escapada toledano-madrileña, breve pero intensa. ya habrá tiempo para volver, visitar lo que nos hemos dejado y seguir borregueando.
Y termino con otras anécdotas y situaciones entrañables que este viaje nos dejó:
- La cuesta que subimos 6 ó 7 veces porque no éramos capaces de encontrar la oficina en la que vendían los tickets para entrar a la Mezquita del Cristo de la Luz. Luego descubrimos con cara de empanados que habíamos pasado por su lado 6 ó 7 veces sin saberlo.
Esto ya lo he vivido…
- Escuchamos atónitos cómo un desorientado turista preguntaba al guía que les enseñaba la Mezquita que si la calzada romana era romana porque la habían hecho los italianos. ¡Evidentemente! Si es que hay cosas tan obvias…
- Las espadas y derivados se combinaban en las tiendas con artículos únicos e irrepetibles como el torito olé.
- Vimos carteles singulares en Toledo: el cartel de Simón, el Toledanish Menu, y un cartel que era una absoluta redundancia en sí mismo.
Espadas de Toledo: Se traspasa
- También vimos al mismísimo Fantasma en carne y hueso.
- Y en Madrid Kamechan, Hellen, Darith y yo nos tropezamos con un cartel (perteneciente a una obra de teatro) que bien podría servir de inspiración para una foto de todas las Malvadas juntas, cuando nos reunamos las 6 algún día ¡Muajajajajajajaja!
Nos va que ni pintado. ¿Qué opináis, brujis?
¡Y con esto se acabaron los posts sobre el viaje a Toledo!
…Hasta que volvamos…
http://elrincondeirene.wordpress.com/2010/03/21/comer-beber-y-borreguear-en-toledo-y-madrid/
Esta entrada fue posteada el Domingo, Marzo 21st, 2010 at 5:39 pm ,registrada en ofertas para viajar, viajar. Puedes seguir los comentarios a traves del RSS 2.0 feed. Puedes ESCRIBIR UNA RESPUESTA, or trackback desde tu propio site.
















