Tomando la ruta….
El bondi salió a las 11: 00 hs del día Lunes 15 de Marzo desde la terminal de Rosario. El viaje era directo a Trelew, hicimos una sóla parada en Bahía Blanca. Lo único malo fue no haber conseguido coche cama. Como en total la duración del viaje fue de 21 hs aproximadamente, fue difícil mantener los pies calientes, pero al fin y al cabo me pareció más corto de lo que creía. Me la pasé mirando las pelis que pusieron (3 en total), leyendo y escribiendo. La lectura de viaje fue “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano: un completo acierto. A eso de las 19 hs hicimos la parada en Bahía Blanca. Allí bajé a fumar lo que sería uno de los últimos cigarrillos de mi vida, sólo que hasta ese momento aún no había tomado la decisión de dejarlo. En realidad nunca fumé demasiado, y he tenido períodos de largos meses sin fumar, pero siempre retomaba, así fuera esporádicamente, al vicio de llenar mis pulmones con ese aire impuro. Luego de este viaje, con tanta pureza a mi alrededor, me dí cuenta que en el medio de la ciudad se pierde la línea entre lo natural y lo urbano. Y el aire urbano, viciado por completo, es confundido con aire puro, y nos parece natural, así como nos parece que desde que el mundo es mundo el cemento existe bajo nuestros pies.
Volviendo a la ruta, necesitaba fuego para encender ese cigarrillo, así que se lo pedí a una chica que estaba al lado del cole. Nos pusimos a hablar. Resulta que ella venía de Rosario, de visitar a su hermana que vive allá con el novio, aunque son todos de Trelew. Tenía una onda bárbara, y sólo 15 años de edad. Me pasó su teléfono para que le escribiera si me aburría o si necesitaba una guía. Ese fue mi primer indicio de que el viaje sería una experiencia positiva.
En ese momento, al llegarme un mje de mi viejo preguntandome por donde andaba, me dí cuenta de lo lejos que estaba, y de que, por primera vez, me encontraba sola, a 750 km de distancia de todo lo que había conocido en mi vida. Tal vez para alguien que está acostumbrado a viajar no es nada. Para mí fue una sensación completamente nueva y reveladora. Fue cortar lazos, sentir que me valía por mí misma y que lo que fuera a pasarme debería resolverlo por mí misma, porque en definitiva, pura y exclusivamente por mis propios medios había llegado hasta allí, y ese era uno de los condimentos que le daban sabor al viaje.
Ya después de eso sólo faltaba un tramo para llegar. Se hizo más corto porque por suerte el viaje no alteró demasiado mi reloj biológico, así que dormí a la noche como corresponde. En realidad tampoco me quedaron muchas opciones, porque por más que me empecinara en tratar de ver la estepa patagónica, no lo conseguiría.
Cabe destacar que la empresa por la que viajé a la ida fue la mejor de todas: Andesmar. Tuvimos auxiliar de viaje a bordo, nos llenaron de comida a lo largo del trayecto, y hasta regalaron un vino Santa Julia Malbec a quien ganó el bingo que tuvo lugar arriba del cole a la tardecita. Esas atenciones son las que definitivamente marcan la diferencia.
http://vacacionarsolo.wordpress.com/2010/04/05/tomando-la-ruta/
Esta entrada fue posteada el Domingo, Abril 4th, 2010 at 10:03 pm ,registrada en ofertas para viajar, viajar. Puedes seguir los comentarios a traves del RSS 2.0 feed. Puedes ESCRIBIR UNA RESPUESTA, or trackback desde tu propio site.
















