Méndez Álvaro: Información para dar un paseo

Cuatro ancianos con maletas esperan en la dársena 42 que su autobús abra las puertas. Sus edades comprenden los 63 de Conchi y los 76 de Manuel. Son dos matrimonios, el primero es una pareja que no alcanza el metro sesenta de estatura, ambos con el pelo corto y rizado, abrigos beige y unos zapatos bien cuidados con pinta de cómodos. Son Conchi y Francisco. El segundo lo componen Margarita y Manuel, ella una mujer elegante y discreta, su cara retiene todavía una gran belleza, y la ropa que luce es holgada y colores pastel ceniza. Su marido Manuel es regordete y bajito, más que ella que lleva tacones. Se dirigen a Salou, Tarragona, con los del imserso. “Hay que aprovechar estos viajes, nos vamos hoy y volvemos el jueves que viene, una semanita pa relajarse”, dice Conchi.

Hablan entre ellas de bailes y guateques, de varias visitas a pueblos de La Mancha, los más aburridos según Francisco, acostumbrado a esos paisajes por ser de un pueblo de Albacete. Margarita habla de los hijos, a ellos los dejan en casa.  Al otro lado del volante está Tomás, un veterano conductor que lleva casi quince años conduciendo sobre el asfalto. El viaje que tiene que hacer hoy es el mismo que el de hace ya unos meses: Madrid- Salamanca. En este recorrido hay funcionando 23 autobuses diariamente. El turno de este barrigudo profesional de la conducción va desde las seis de la mañana hasta las nueve y media de la noche, momento en que dejan de salir coches con ese destino. “Para Semana Santa no se espera que aumente el número de transportes, también la crisis ha debilitado el crecimiento del sector”, afirma.

Son las nueve de la mañana. Las dársenas están casi vacías, hay algún grupo, aislado uno de otro, no hay rumanos ni árabes como suele verse en verano. Estos últimos parten a Almería para en el puerto llegar a Marruecos y así a África. Entre los bancos de las dársenas asoma una puerta entreabierta que da a una reducida sala con material de repuesto para los servicios. Dentro está María Velasco, una empleada bajita, con los ojos azules y muy pintados, con el pelo rubio enredado en un coletero que deja sacudir los tirabuzones sobre los hombros. Tiene ganas de hablar, se le nota por cómo atiene a lo que le rodea.

Pertenece al servicio de limpieza, lleva tres años en la estación procurando porque todo se mantenga aseado. “Va por épocas, la verdad, tan pronto llega gente que duerme y hace sus necesidades en cualquier lado, como momentos en los que no hay nadie ni nada que esté sucio”; María trabaja siete horas diarias, ella y una compañera son, junto con su superiora, las que se dedican a la limpieza de la estación. Cada servicio se friega tres o cuatro veces al día, desde las seis menos veinte, hora en la que María se levanta, hasta las siete, hora en la que entra a trabajar. Su compañera se encarga de la limpieza. Cuando ésta se va, la releva hasta las dos de la tarde. “He visto de todo, lo que más el robo de carteras: ¡aquí ruedan! Y con la operación salida, doblamos el trabajo”, relata.

 En el piso de arriba, en un largo pasillo con tiendas a un lado y grandes ventanales al otro, está Mari Carmen, una recién jubilada que reconoce haber sido una investigadora de un laboratorio muy importante. Sentada con el bocadillo, sesentera y reservada, habla con desconfianza y con grandes aires de superioridad sobre el viaje que está a punto de emprender con su hermana Sara, de 68 años. Mari Carmen tiene la mirada perdida, habla a trompicones y se hace de rogar para contar que no ha podido disfrutar tanto de sus hijos como lo hace ahora de sus nietos. Su vida ha sido muy atareada y apenas disfrutó de ver crecer a los que ahora son los hombres de su familia. Parece apenada pero también una persona dura. Su destino está en Santa Pola, son cinco horas y media de viaje, “Ella no está ya para coger el coche”, le recrimina su hermana. Ambas viven en Alcalá de Henares, y después hablan de irse a Galicia, “donde mejor se come”.

 Dentro de la estación, en el punto de información, dos hombres con la mirada acostumbrada a tener que lidiar con situaciones inverosímiles y absurdas, trabajan ofreciendo datos al variado público que transita la estación de Méndez Álvaro. Son Antonio y Francisco. El que está en la ventana de cara al público es Antonio, un hombre de unos 50 años con un atractivo de película, un rostro jovial con los ojos azules y sombríos, las cejas negras y pobladas, simétricamente perfectas. El pelo lacio y canoso con una barba bien cuidada. Francisco no pasará de los treinta, es un joven moreno y sin nada que destacar, más que parece admirar a su compañero de taquilla y superior. Antonio cuenta que existe un libro en donde él y los que antes han trabajado ahí escribían frases que oían decir a los viajeros, preguntas imposibles, malos entendidos y demás parafraseaos que han reunido en un cuaderno de din A5. Al abrir el libro, escrito a mano, frases como: “¿Me da información para dar un paseo?, “¿Dónde puedo comprar minutos?”, “Mierda de San Juan,” en lugar de Villarta de San Juan, o una frase registrada literalmente que una viajera le preguntó a Antonio: “¿cuál es la cabina más barata para realizar una llamada a móvil?”.

Sin embargo, entre esas frases había anotaciones que decían “el moro de mierda quería decir Chinchón, y no Chichón”. O frases que alguien relacionaba con la persona que lo había dicho haciendo referencia a su color de piel de forma despectiva tales como “negrata”, “moro de mierda”, o “sudaca”. En ese cuaderno había también dibujos hechos a bolígrafo en los que el centro de la risa y la mofa era un inmigrante. Cuando Antonio vio de nuevo el cuaderno, ahora sobre la repisa de la ventana donde trabaja, agregó a ese vistazo que ya le había echado: “es que esto está lleno de negros y moros, no saben hablar, aquí te hartas de verlos”.

 Con las mismas la visita a Méndez Álvaro acaba sin ser ese “lugar de nadie”, un lugar donde todos son bienvenidos y bien despedidos. Acaba por no ser nada de lo que parece. Solo un lugar más de trabajo, un sitio en el que las personas se diferencian todavía por ser: unos viajeros y otros inmigrantes ilegales.

Esta entrada fue escrita originalmente en:                
http://porderechoshumanos.wordpress.com/2010/04/14/mendez-alvaro-informacion-para-dar-un-paseo/

Esta entrada fue posteada el Miércoles, Abril 14th, 2010 at 12:29 pm ,registrada en ofertas para viajar, viajar. Puedes seguir los comentarios a traves del RSS 2.0 feed. Puedes ESCRIBIR UNA RESPUESTA, or trackback desde tu propio site.

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