El Viaje: Heathrow – Brighton, segunda parte.

Cuando salí del ascensor  observé que había dos mostradores en el Hall de la estación, muchos bancos con gente desperdigada y cuatro puertas: A, B, C, D. Yo he visto muchas películas importantes y fundamentales para la supervivencia de uno cuando se encuentra en un ambiente ajeno, desconocido. Lo primero que hago cuando llego a un sitio, inconscientemente, con un golpe de vista, es analizar la distribución geográfica de cada emplazamiento de cada cosa. Mi subconsciente registra cada pequeño detalle que pueda serme de utilidad y cuando es menester me lanza warnings. Es como el arácneo sentido de Spiderman pero en versión realista, o sea, real life.

El mostrador de información estaba hasta los topes con una cola estimada por mí mismo de seis minutos treinta segundos. En realidad calculé cinco minutos pero siempre me gusta añadir un coeficiente a mis cálculos para estar del lado de la seguridad. Decidí arriesgarme e ir directamente al otro mostrador, que ponía en grande “Train, Coach”

A mí lo de Train me olía a chamusquina, porque yo quería coger un autobús y no tenía muchas ganas de acabar comprando un billete de tren para montarme en un autobús. Entonces, no sabía que Coach viene a ser como un autobús grande o de larga distancia o algo así. El caso es que llegue receloso y después de un minuto haciendo cola llegué hasta donde la tía que vendía billetes.

-          I Would like a ticket bus to Brighton, please . – le dije con mi mejor inglés de Logroño.

-          Brighton? – dijo ella con acento inglés.

-          Yes, Brighton by bus, please.- repuse

-          Brighton? – repitió tratando de confirmar si me había entendido.

-          Brighton –dije yo tratando de imitar su acento.

-          wuanchunfleyBrighton

-          Yes, by bus. –le dije para que no me diera un ticket de tren.

-          Wuancohunfley

-          Sorry?

-          One way?- La fastidiamos… Aquí tuve que tirar de intelecto: Te acaba de decir literalmente “Una carretera” me dijo el subconsciente. No ,no – repuse – eso no tiene sentido.  Way: carretera, camino… un camino… qué carretera. Eso es road; dirección, una dirección… ¡Esa! Una dirección es “Ida” en cristiano, seguro. A los 2 o 3 segundos dije:

-          Yes, one way, please, by bus.

-          Wuanchunfley one way wuanchunfley wuanchunfley 27.80 pounds

-          I have cash, Is by bus, is not it?

-          Yes – con la confirmación me tranquilicé bastante.

-          Wuanchunfley gate A  wuanchunfley bus number 767, wuanchunfley 17.15h

-          Yes, yes, thank you

-          Wanchunfley

Para encontrar la Gate A no tuve problemas. Ya la tenía localizada. Con el asa de la maleta pegado a mi mano, crucé el umbral de la Gate A que daba a la calle y vi personas con otras maletas diferentes a la mía, conductores de autobús y autobuses. Me fijé en los números. 222, 234, 245, 257. Un conductor reprendió a un viejo que se encendía un pitillo. “Nota mental” – me dije- no se puede fumar en las paradas de autobús. El caso es que volví a fijarme en los números de los autobuses. 222, 234, 245, 257. Miré mi tiquet y vi el número de mi autobís: 767. El subconsciente me lanzó dos warnings. Placa, placa. Así que me acerqué a un conductor de buses y le dije.

-          Excuse me, can you help me?

-          Gruñido gutural

-          I am looking for bus number 767 – dije sonriendo mostrándole mi ticket.

-          Wuanchunfley – dijo señalando la batería de autobuses.

A pesar de que el hombre había sido un mal educado conmigo su respuesta me tranquilizó y por ello me alejé un poco de la estación rumbo a la carretera para fumar mi primer cigarrillo en Inglaterra. Mientras fumaba aproveché para llamar a mi novia y a mis padres. Resumiendo:

-          ¿Qué tal todo?

-           De momento todo bien, estoy esperando al autobús, que no aparece. Faltan diez minutos para que salga y no ha llegado. Estos ingleses son puntuales hasta para llegar.  Tampoco os fiéis que lo mismo acabo hoy en escocia.

-          ¿Qué tal los ingleses, los entiendes?

-          – Bueno, más o menos.  Me apaño.

El caso es que pasaban los minutos y el autobús no llegaba. A pocos metros había una chica pelirroja que tenía pinta de ir para Brighton. No estaba seguro, pero mi aracnosentido me lo decía. Llevaba un ticket en la mano, pero estaba demasiado lejos para ver el número de su autobús. Me acerqué un poco más y nada. Maldije mi miopía. No me atrevía a acercarme más. Podría ser demasiado aventurado y la chica sospechar que soy un pervertido que tenía que vérselas con un pervertido.  Al final decidí preguntar a otro autobusero, pero recordé lo mal educado que había sido el primero y me contuve. Mi subconsciente me lanzó un warning al poco. “Pregunta que al final te quedas en tierra”. Vale- le dije-, dame un segundo. Reflexioné sobre la conversación del primer conductor. ¿Por qué había sido tan antipático conmigo? A lo mejor el problema es que no le había dicho “please”. Estos ingleses son muy estrictos con el “please”. Abordé a otro conductor.

-          Excuse me – le dije pero estaba de espaldas y ni caso. – Sorry – repetí. El hombre se volvió un tanto huraño.

-          Could… Could you help me , please? – dije esperando que me dijera “yes, of course” pero no dijo nada. Así que seguí: I am looking for bus 767.

Con un gruñido me señaló una dársena vacía.

-          Thank you – dije.

Pues nada. Ni please ni plas.  Las 17:20h y el bus que no llegaba cuando tendría que haber a las 17:15h. Volví a plantearme la posibilidad de echar un vistazo al ticket de la pelirroja. Se encontraba a escasos diez metros de mi posición, sostenía el ticket con su mano izquierda y miraba distraídamente al horizonte. Me acerqué con sigilo y agudicé la visión… efectivamente, gate A, bus 767. “Sos un crack” me dije respirando aliviado.

El autobús llego al fin. Con un retraso digno de un “1” santanderino, para desdicha de la archiconocida puntualidad británica.

La pelirroja subió primero y se  sentó en la primera fila a la derecha. “Qué tonta” pensé, “se coloca detrás del conductor”. Todo el mundo sabe que detrás del conductor hay menos visibilidad. Inteligentemente me coloque en la primera fila a la izquierda. El lector atento ya habrá captado la jugada: Si. Los conductores ingleses están delante de la fila izquierda. Tres puntos. Me dije. Para el que no se haya enterado en Inglaterra se conduce al revés.

Yo ya lo sabía antes de ir, pero una cosa es saberlo y otra tenerlo asimilado. Os sorprendería saber la cantidad de actos mecánicos que realizamos cuando deambulamos por la calle (no como conductores, sino como peatones, como conductores no me lo quiero ni imaginar) y que están directamente relacionados con el hecho natural de que los coches circulen por la derecha de la calzada.  A día de hoy, cuando viajo en el típico autobús inglés de dos plantas me sorprendo agarrándome a los asideros de mi butaca completamente convencido de una inminente colisión. Aunque esto os lo explicaré más adelante.

El caso es que el autobús partió y un interesante periplo de dos horas y medias me hizo atravesar lo que es el centro sur inglés rumbo a Brighton. Es curioso que el carril rápido de las autovías y autopistas es en realidad nuestro carril lento. Así que yo, que aún continuaba con la agilipollada matinal de cuando llegué a Bilbao, de vez en cuando, pensara de los coches que nos adelantaban por la derecha: ¿Pero a dónde vais, locos? El pensamiento es fugaz y rápidamente es contrarrestado. Pero se produce, doy fe.

Y así es como aquella fría tarde de finales de marzo. Llegué a la ciudad de Brighton&Hove. Mi futura casa durante las siguientes semanas.