Edimburgo: fantasmas y callejones

Era la primera vez que me iba de viaje en “temporada navideña” y debo reconocer que me encantó sentir y vivir el espíritu de la Navidad de otra ciudad diferente a Madrid.

Todo el mundo me había dicho que Edimburgo es una ciudad gris, fría y lluviosa, pero yo no la vi así. No sé si fue porque faltaba una semana para la llegada de Papa Noël o por mis enormes ganas por conocerla, pero a mí me pareció una ciudad llena de color, hermosa y ¡bastante soleada! Vale, sí, quizá fuera el ambiente prenavideño que la inundaba lo que hizo que mi fin de semana en Edimburgh fuera especial y ¡muy divertido! La Noria, sus puestos en Princess Street Grandens, la pista de patinaje sobre hielo, los constantes villancicos…

La capital de Escocia es chiquitita, señorial y encantadora. Está plagada de estrechos callejones adoquinados cargados de  historia, edificios preciosos e historias escalofriantes. Como ya sabemos, un fin de semana no da para gran cosa y siempre nos quedamos con ganas de más, pero el centro de Edimburgo no es muy grande y a pie es muy fácil recorrerlo todo.

Empezamos nuestra la visita en la Old Town, que tiene una estructura medieval y conserva edificios de la Reforma Protestante (s. XVI). Muchos de ellos fueron destruidos por el Gran Incendio de 1824, y su reconstrucción conllevó cambios en el nivel de terreno. Esto les llevó a crear varios pasajes y calles subterráneas bajo la zona, conocidos como closes o windys, que obligaron a multitud de personas afectadas por la peste bubónica a vivir condenados en la oscuridad.

La arteria principal de esta zona es la Royal Mile, una calle llena de tiendas que va desde el Castillo de Edimburgo hasta Holyrood Palace. Bajo toda esta zona, están los closes. Para descubrirlo, lo mejor es hacer la visita a Mary’s King Close, donde podrás pasear por los callejones bajo la Royal Mile y escuchar historias de fantasmas. A lo largo de la calle, plagada de gaiteros y de hombres con kilt (falda escocesa), se pueden encontrar plazas grandes que marcan lugares de importancia como la Catedral Saint Giles y las Cortes.

Y si adamás eres de los míos, que disfruta de una buena sesión de fotos entre tumbas, tampoco te puedes perder el cementerio de Greyfriars. Más allá de lo macabra y morbosa que acabo de confesar ser, es un lugar precioso y una visita obligada para empaparte bien del halo fantasmagórico que envuelve a Edimburgo.

Grassmarket es una zona perfecta para cenar o tomar una copa por la variedad de bares y restaurantes que hay y sobre todo por el buen ambiente que se respira. Hasta mediados de los 80 aquí había una gran cantidad de albergues que daban cobijo a personas sin hogar. Poco a pocoCon el paso del tiempo se ha ido transformando en un lugar más familiar, con restaurantes y bares. Y como todo en Edimburgo tiene su lado espeluznante,esta zona no iba a ser menos: aquí era donde ejecutaban a los condenados a muerte.

Continuamos nuestra ruta por la New Town. Fue construída en el s. XVIII para paliar  la sobrepoblación de la parte vieja. Aquí encontramos los Princess Street Gardens, donde en su momento se concentró el atractivo navideño (noria, puestos de comida y artesanía, pista de patinaje sobre hielo) y el Scott Monument (1841 – 1845), una torre de estilo gótico y corte victoriano que tiene una altura de 61’1 metros. Fue erigida en honor al autor de Ivanhoe, el escocés Walter Scott, y cuenta con una escalera de caracol interna que permite acceder a los diversos pisos del edificio, desde los que se aprecia una preciosa vista de la ciudad y sus alrededores.

Y ahora ya mis recomendaciones sobre dónde comer, beber y dormir. Nosotras nos alojamos en Castle Rock, un hostel muy acogedor, céntrico y con unas vistas impresionantes de la ciudad. Llegamos justo para decorar el árbol de Navidad y nos invitaron a galletas caseras y vino caliente.

Para comer rápido y bien, os recomiendo Oink Oink, un restaurante chiquitito donde los bocadillos de cerdo asado están de-li-cio-sos. Se encuentra en 34 Victoria Street (Grassmarket), muy cerquita de nuestro alojamiento.

Si lo que necesitas es un poco de azúcar para reponer fuerzas, The Elephant House es tu sitio. Aparte de ser el lugar donde JK Rowling empezó a escribir Harry Potter, las tartas y cupcakes están deliciosos.  Está en 21 George IV Bridge.

Otro lugar que no os podéis perder es Last Drop, dónde dicen que permitían tomar su última pinta a los condenados a muerte. Está en 74 – 78 Grassmarket (ideal para tomar una copa por la zona después de cenar).

Y no podéis iros de Edimburgo sin pasar una noche en Frankestein, en el 26 George IV Bridge. Es una antigua iglesia decorada como el laboratorio del Dr. frankestein y que funciona de pub-discoteca. Aquí lo que se estila es beber cerveza y Jagger-Bombs (cuidado con los últimos ¡porque son una auténtica bomba de alcohol!).

Otros lugares que me recomendaron pero que por falta de tiempo no pude visitar son: Finnegans Wake, una taberna irlandesa con música en directo en 9b Victoria St. en Grassmarket; The Mitre Bar, sitio típico de hamburguesas, haggis (plato típico escocés compuesto de higados y demás cosas ¡que no fui capaz probar!), salchichas… que está en 131-133 High Street; y Dirty Dicks, que es el típico pub en 159 Rose St.

¡Hasta la próxima!

Lucía (gorro blanco), Gema (gorro azul) y yo (gorro gris). No estamos en nuestro mejor momento, pero es lo que tienen las autofotos!!!

* Maravilloso fin de semana en compañía de dos grandes amigas: Lucía de León y Gema Granados (encargada de hacer la guía viajera).