SIENA

 

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Llegamos a Siena desde San Gimignano, donde nos entretuvimos quizás un poco mas de la cuenta, pues para nada pensamos que sería tan bonito como para que nos empleara buena parte de la tarde.

Aún así la visita a Siena nos cundió lo suficiente como para que antes de que anocheciera, tuviéramos visitada al menos una buena parte de la ciudad,  aunque no pudimos disfrutarla mejor por el poco tiempo y lo cansados que ya veníamos de San Gimignano. Mejor dedicar un día para cada uno de estos dos bellos lugares, pues de sobra lo merecen. 

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Muy cierto es que el tema de no conocer la ciudad, hace que vayas un poco a ciegas y esto unido a la dificultad por aparcar muchas veces el vehículo en un lugar céntrico con la seguridad de que no seas multado, o peor aún llevado por la grúa, hace que te tengas que convertir casi en un corredor de fondo para llegar a los lugares de interés a pié.

Así pues, llegamos tarde y aparcamos lejos, con lo que tirando de familia se hizo un poco cansado atravesar medio Siena a pié para llegar al centro. Por fortuna el sol ya no apretaba y al menos la sensación de agotamiento aún se hizo esperar por unas horas.

Nos enfilamos por la calle que atraviesa en recto todo el centro y que nos conduciría primero a la Piazza del Campo, donde se encuentra el Palazzo pubblico, ayuntamiento de Siena, con su torre Del Mangia, donde nos quedamos fascinados por la gente que había recostada por los suelos disfrutando de la paz que allí se respiraba mientras contemplas la alta torre que en su día fuera la mayor de toda Italia.

En los bares situados en los edificios que cierran la plaza, el bullicio era mucho mayor, un poco por el ambiente prefestivo que ya se respiraba, pues estaban preparando toda la ciudad y en concreto la plaza para las famosas carreras de caballos que allí se realizan y que son muy peculiares ya que la plaza se encuentra en un plano inclinado totalmente. Habían operarios preparando la decoración de las calles para las fiestas que comenzaban en muy pocos días.

 

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Tras las fotos de rigor, seguimos caminando en busca del Duomo de la ciudad, que nos pareció muy bello. Al principio fue todo un descubrimiento ver toda aquella fachada de mármol tan trabajada y con tanto dorado arriba, pero cuando el sol consiguió descubrirse tras las nubes y consiguió llegar con fuerza a la plaza, resaltó de tal manera aquel dorado, que desprendía una luz casi mágica. 

 

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Fantástica también su torre, con las ventanas que de menor a mayor van subiendo en número hacia el cielo y que personalmente me llamó mucho la atención. Hay que decir que de conocimientos del arte y de estilos arquitectónicos vamos más bien pobres, pero nos gusta contemplar los edificios mas singulares de cada ciudad. Realmente resultó una visita muy breve, pero totalmente satisfactoria, por lo que podremos decir que nosotros al menos por unos momentos estuvimos allí, recorrimos sus calles, visitamos sus edificios principales y compartimos el espíritu de una antigua y bella gran ciudad de Italia como lo es Siena.   

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