Qué ver en el museo del Louvre… si tienes prisa

En la era de los viajes “express”, sabemos que no suele ser posible disfrutar del museo del Louvre durante más de unas horas. Con tanto que ver, si tu agenda en París está apretada, asegúrate de que al menos has podido ver lo esencial gracias a nuestra guía.

 

Nueva York es una ciudad que se reinventa constantemente. Roma es una anciana elegante que prefiere el maquillaje a la cirugía. Barcelona es un chico joven con gafas de pasta y zapatillas deportivas. Londres una burbuja que ha aprendido a reírse de sí misma. París es inmutable. París es una madame que dirige su establecimiento con la más absoluta discreción y en la que nunca cambia nada excepto las flores frescas. París no tiene una sola arruga porque jamás fue joven. Es un escenario donde los papeles ya están repartidos: el taxista junto a la Tour Eiffel, la prostituta de Montmartre, la vendedora de Chanel en St. Honoré…En París uno nace, no se hace. Y en este paraíso atemporal el templo más sagrado es el Museo del Louvre.

Antiguo palacio que albergaba las colecciones reales, y enriquecido con obras confiscadas durante la Revolución y la Desamortización, fue abierto al público en 1793, convirtiéndose en el referente de museo por excelencia. Su reforma más controvertida fue la construcción de la pirámide en el centro de su patio en 1989, que muchos franceses tomaron como una ofensa personal pero que con el tiempo y la ayuda de Dan Brown terminaron por aceptar.

Se tardarían meses en recorrer sus más de 13 kilómetros de galerías y ver todas sus obras. El inconveniente es que el viajero tiene un día para visitarlo, unas horas para ser exacto. Sólo una buena selección permitirá al profano la digestión y asimilación de obras que han marcado la Historia e influenciado el espíritu de varias generaciones. Nada peor que un empacho de cuadros. Vivimos en una época en la que se mira mucho y no se ve nada. En Arte es más importante ver que mirar, y también lo más difícil, por eso no existe un mundo más elitista. En el Louvre, esto es lo que hay que ver, a sabiendas que los artistas españoles e italianos están en la primera planta, y los franceses y norte europeos en la segunda:

La Gioconda o Mona Lisa

Foto: Juan Pablo González

La Balsa de la Medusa (1819), T. Gericault, cuadro gigante sobre una tragedia real que marcó a todos sus contemporáneos, incluyendo a su discípulo Delacroix.

La Odalisca (1814) y El baño Turco (1862), ambas de Ingres, muy lineales y con ambientes táctiles influenciados por la mitología clásica.

La Libertad guiando al Pueblo (1831), E. Delacroix, pura ilustración del rebelde espíritu francés que aun hoy pervive. La gente cree que hace referencia a la Revolución Francesa pero no es así, su tema es la revolución de 1830.

San José Carpintero (c.1642), George La Tour, máximo exponente del tenebrismo, en un ejemplo sumamente poético.

La Coronación de Napoleón (1807), David, junto con El Juramento de los Horacios. Ejemplos de arte grandilocuente al servicio del poder y de lo políticamente correcto. Es justo el momento en el que, después de coronarse a sí mismo, Napoleón hace lo propio con Josefina.

El Entierro de Atala (1808), Girodet. Plasma el momento mas triste de la historia escrita por Chateaubriand, precursor de un romanticismo a flor de piel que traspasa el lienzo.

La Gioconda o Mona Lisa (1506), Leonardo da Vinci. Simplemente el cuadro más famoso del mundo; estuvo colgado en el dormitorio de Napoleón. En el año 1962 se aseguró por 100 millones de $ -equivalía a unos 700 millones de hoy-; actualmente no tiene precio. La última vez que viajó fue a Moscú en los años ’70, donde fue adorada como un icono religioso. Es inútil hablar de la sonrisa y otros misterios que la rodean, es una celebrity con estatus propio.

La Virgen, el Niño y Santa Ana (1510), también de Leonardo, una de sus composiciones más celebradas que merece la pena ver por el juego geométrico que opera.

Coronación de la Virgen (1435), Fra Angélico, donde puede observarse el famoso color azul de un pintor difícil de encontrar.

Muerte de la Virgen (1506), Caravaggio. Una obra que causó escándalo, de mano de un pintor salvaje en su vida y en su obra, se dice que utilizó como modelo de la virgen a una prostituta.

Pirámide del Museo del Louvre

Foto: Jens Versteegden

La Virgen del Canciller Rolin (1435), Jan Van Eyck. Pintor que pasa por ser el inventor de la técnica del óleo en uno de sus momentos más finos.

Viejo con el Niño (c.1480), de Doménico ‘Ghirlandaio’. Cuadro que emana dulzura, se ignora si eran abuelo y nieto como al principio se creía.

La Bordadora (1669), de Jan Vermeer. Maestro del silencio. Un cuadro favorito de muchos por la facilidad de su tema y su pincelada mágica.

El Patizambo (1642), José de Ribera llamado ‘lo Spagnoletto’. Instalado en la memoria colectiva por el carisma de su personaje.

Erasmo de Rotterdam (1517), Holbein. Imagen con estatus de culto.

Cristo en la Columna (1575), Antonello da Messina. Preconiza una especia de realismo bruto que resulta muy actual.

La Venus de Milo (c.130 AC). La más famosa de las esculturas helenísticas y modelo de un canon que sigue vigente hoy día; influyó como ninguna otra sobre el Renacimiento.

Victoria de Samotracia (190 AC). Otra de las grandes starlettes entre todas las esculturas griegas, esta vez el juego de paños y su dinamismo marcaron entre otros al famoso grupo de futuristas encabezados por Boccioni.

 

 

Fuente: Alejando Ferrrando. ViajerosAnónimos.com