Cinco (y un paréntesis)

Siempre que he regresado a casa después de estar de viaje paso por una transición. En un día cualquiera, estando en casa me paso el tiempo mimetisándome con la silla frente a la computadora, o quizá jugando algún videojuego. No salgo mucho y soy terriblemente inactivo. Un sujeto miserable cualquiera del internet. Sin embargo al viajar me he descubierto con disgusto por la computadora y por quedarme en casa (que si bien es una de mis actividades favoritas, de pronto se vuelve también ridícula). Salgo, miro y me gusta estar en movimiento. Si no me quedo en hotel soy atento con la limpieza y el orden. Y entonces, al regresar a la misma casa en la que he vivido por más de veinte años, me sucede un choque: suelo traer el ritmo acelerado de cualquier-otro-lugar y quiero continuarlo en esta casa que es más un espacio detenido en el tiempo. Durante unos días lavo trastes, la ropa, limpio mi cuarto e incluso soy productivo sin proponérmelo. Pero ese estado se va desvaneciendo poco a poco y al fin y al cabo regreso al estado casi muebleístico. Lo que es más: me gusta estar así.

(Un paréntesis aprovechando el regreso: de Colima caminar sus calles y las banquetas angostas, las casas viejas -en arquitectura y en la pintura de sus muros- y la impresión y el gusto de que permanece ajeno a su tiempo [o a mí]).

He decidido viajar. La idea que traía desde hacía un par de años de pronto se concretó en una decisión. Vi la oportunidad, la tomé y ahora, si no me acobardo a medio camino (como digo a quienes les cuento) estaré viajando durante un buen rato. Cederé el asiento a un trayecto de larguísimas caminatas. Me preguntan mucho por qué el viaje sin que yo sepa tanto más qué responder. Varía; por esta razón, por esta otra, también por aquello. Yo también me lo pregunto, pienso, y doy vueltas a imaginarme haciendo algo que no fue hasta hace poco que me di cuenta que quería hacer. Y cuánto lo quiero hacer. Tengo más nervios que emoción, aunque para lo poco que me emocionan ya las cosas no es noticia que así sea. Por eso hay una fuerte posibilidad de dimitir a la mitad, cortar de tajo el camino y dar media vuelta o quedarme. Me preguntan por la duración de esto. Cómo voy a saberlo; no son vacaciones, insisto.

Tres vínculos que no voy a poner aquí: Uno, Björk cantando que ya lo ha visto to’o: to’s los árboles y a to’a la gente por igual. Dos, Dana Hilliot preguntándose por qué decidió unirse a la tripulación de un barco que recorre medio mundo, tripulación a la que no pertence, y descubriendo lo evidente: todos los puertos son iguales. Tres, Blood Red Shoes cantando It’s getting boring by the sea (y la linda cara de la muchacha, que no está de más). Y el pilón que podría ser la Ítaca de Kavafis.

Por más de veinte años he sido un trotamundos sentado en casa. Toca ahora cambiar de escenario. A ver.

This entry was posted in ofertas para viajar, viajar. Bookmark the permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>