Cuidar de los elefantes durante una tarde, la mejor terapia del viaje

Es inevitable hacer el tonto por allá donde pasamos. Con respeto, eso sí.

Es inevitable hacer el tonto por allá donde pasamos. Con respeto, eso sí.

Jipur nos ha demostrado que es capaz de lo mejor y de lo no tan mejor. De emocionarnos hasta quedar sin palabras – Otra vez- y de fastidiarnos un día fantástico en apenas un par de minutos. Supongo que habréis notado que este sábado no os dimos la brasa habitual por eso hoy os contamos nuestros dos últimos días –viernes y sábado- en los que hemos disfrutado muchísimo. Visitando monumentos, conociendo gente y, sobre todo, cuidando de una elefanta toda una tarde en una especie de refugio que nos ha recargado de energía y optimismo para continuar con esta aventura. ¿Vamos por partes?

El viernes contratamos un tuc-tuc con un chófer que nos recomendó el hotel Le Pension, ese ‘guest house’ que nos pareció maravilloso nada más llegar pero que ha tenido sus luces y sus sombras. Con el ‘tuc tuc’ fue todo bien aunque nos dejamos llevar inicialmente por el desparpajo del conductor, Krishna, que se portó de lujo con nosotros e incluso nos invitó a un chai, un té caliente ideal para cuando estás a 40 grados en la sombra. No es de buena educación rechazar cosas como estas así que tocó apechugar.

Un juego, ¿dónde está Clara?

Un juego, ¿dónde está Clara?

Puerta de acceso a la montaña del Monkey Temple.

Puerta de acceso a la montaña del Monkey Temple.

El buen rollo nos sorprendió y por eso cuando dijo que él no quería negociar precio sino que le pagaríamos al final del día lo que creyésemos oportuno tras valorar sus servicios/compañía/amistad nos pilló bajos de defensa, algo que tiene que evitar cualquier mochilero o mochileros que se precie si no quiere acabar puteado. Confiados, le dijimos que sí y nos quedamos tan panchos ya que nos enseñó un libro de firmas en la que había dedicatorias que recomendaban encarecidamente a este conductor en varios lenguajes.

Para llegar a la ciudad del Monkey Temple primero hay que subir una montaña y luego bajar una especie de valle.

Para llegar a la ciudad del Monkey Temple primero hay que subir una montaña y luego bajar una especie de valle.

Nos llevó al Monkey Temple, un templo repleto de monos que está detrás de una montaña en la que primero tienes que subir a pie unos 30 minutos y luego tienes que bajar otro buen tramo para llegar al lugar. Merece mucho la pena ya que por momentos te sientes en el decorado de ‘Indiana Jones y el templo maldito’, aunque en lugar de nazis cabreados te van saliendo monjes tipo harry krishnas con aspecto de muy demacrados por los excesos y algo idos de la cabeza. Eso sí, te hacen pasar por caja a la mínima.

Estuvo bien, la verdad, porque el lugar tenía su encanto, además podías alimentar y jugar con

En el Monkey Temple puedes alimentar los monos ya que no son nada agresivos.

En el Monkey Temple puedes alimentar los monos ya que no son nada agresivos.

los monos. A Clara le dio un poco de miedo, higiénicamente lógico, pero acabó animándose a compartir sus cacahuetes con sus nuevos amigos peludos. No, no hablo de los harry krishnas (Jejeje).

La siguiente parada fue el Gatore Ki Chhatriyan, una recomendación alternativa de nuestro conductor a la que accedimos con recelo aunque acabó siendo muy interesante. Se trata de tres jardines en los que hay unas cúpulas o especie de pérgolas de mármol con unos detalles muy bonitos.

El Monkey Temple cuenta con una piscina donde el agua está verde de la suciedad... y donde además de beber los monos se bañan los niños de por allí. Un auténtico atentado contra la salud.

El Monkey Temple cuenta con una piscina donde el agua está verde de la suciedad… y donde además de beber los monos se bañan los niños de por allí. Un auténtico atentado contra la salud.

Uno de los monos con su cría.

Uno de los monos con su cría.

Una cría de mono bebiendo agua radioactiva en el templo.

Una cría de mono bebiendo agua radioactiva en el templo.

Los tres jardines de este monumento están llenos de cúpulas de mármol con detllaes muy elaborados.

Los tres jardines de este monumento están llenos de cúpulas de mármol con detllaes muy elaborados.

En ese momento lo estábamos pasando en grande y nos vinimos arriba desmesuradamente. Primero haciéndonos cada uno un tatoo de henna. Yo elegí el símbolo del mantra Om, mientras que Clara optó por un detalle en la mano que representa al pájaro nacional de la India. Lo pagamos a precio de Son Bou, 12 euros por las dos obras.

En el Monkey Temple está lleno de monjes harry krishnas, es una especie de comuna hippi.

En el Monkey Temple está lleno de monjes harry krishnas, es una especie de comuna hippi.

El segundo momento de euforia le permitió a Krishna metérnosla doblada. Nos llevó a una tienda de telas asegurando que no era tal y que era un lugar “como el que nunca hayáis visitado”. Un huevo. Una tienda de telas, sin más, la mitad de interesante que lo que vimos en Vicente Ferrer. Lo bueno es que tenían cosas que no estaban mal y acabamos picando ya que los dos andamos cortos de ropa. De nuevo, a precio de Son Bou.

La última etapa fue el fuerte de Nahagara, un edificio espectacular en lo alto de la montaña más alta de Jaipur y desde donde se ve lo inmensa que es esta ciudad de más de seis millones de habitantes. Teníamos una vista de 360º y no sé si por la contaminación o porque era la hora de la puesta del sol pero no se veía dónde acababan los edificios. Además compartimos las vistas con las oraciones musulmanas coreando a todo trapo por la ciudad.

Impresionante vistas desde lo alto del Nahagara Fort.

Impresionante vistas desde lo alto del Nahagara Fort.

Todo el buen rollo se fue a norris en un minuto, lo que tardó el conductor en considerar insuficiente el dinero que le dimos. Totalmente previsible. Previamente habíamos consultado en el hotel cuánto se pagaba por trayectos similares y decidimos darle lo mismo más una generosa propina. Se cabreó y llegó a decir “no pasa nada, algunos días se gana dinero y otros se pierde, como hoy”. Imagino que pensó que así nos arañaría alguna rupia más a lo que contestamos: “Ok, más suerte el próximo día”. No sé si es políticamente correcto decir que tenemos las pelotas hinchadas con tanto mangoneo pero lo cierto es que las narices si que están en su límite. A la que te descuidas se aprovechan. El mal sabor de boca nos acompañó un buen rato, incluida la cena, aunque poco a poco lo fuimos apartando.

Detalle del bazar de la Pink City.

Detalle del bazar de la Pink City.

Para el sábado nos propusimos cambiar la mentalidad, no pensar en lo malo del día anterior sino en todo lo bueno –que había ganado por goleada- y decidimos dar una vuelta por el centro histórico de la ciudad, lo que se conoce como Pink City. Fue un paseo que incluyó descubrir el metro de Jaipur que apenas tiene dos meses de vida y que es una de las pocas cosas en la India que está limpio. Muy molón la verdad.

En las ciudades se venden collares con flores para depositar ante las estatuas de los dioses.

En las ciudades se venden collares con flores para depositar ante las estatuas de los dioses.

El paseo sirvió para desconectar conectando. Es decir, para estar en mitad del bullicio de una ciudad que tiene en el comercio su principal fuente de ingreso pero haciéndolo a nuestra bola. Sin tener que negociar nada ni sentirnos presionados.

Lavando la espalda de un elefante el mundo se ve muy distitno.

Lavando la espalda de un elefante el mundo se ve muy distitno.

Y lo necesitábamos porque la última aventura que vivimos fue en el propio hotel con el colega que se queda al frente cuando los dos hermanos no están. Clara le pedió el viernes por la noche si podía llamar a un lugar en el que ofrecen experiencias con elefantes para ver si tenían disponibilidad y saltó el contestador por lo que él se comprometió de forma sospechosa a “llamar mañana por la mañana para ver si hay disponibilidad y si no buscaros otra alternativa”. En el hotel tienen un flier de propaganda de otra empresa que no era la que queríamos, curiosamente. Le dije que no, que no hiciese nada que mandaríamos un email.

Esta es na Brilian, bautizada a la menorquina como Brillanteta.

Esta es na Brilian, bautizada a la menorquina como Brillanteta.

Debo reconocer que siento especial devoción por los elefantes y más cuando los trato de tan cerca.

Debo reconocer que siento especial devoción por los elefantes y más cuando los trato de tan cerca.

Bien, el sábado por la mañana reintentamos la operación con éxito. El señor llama por nosotros, habla en indi con alguien y nos dice que lamenta mucho comunicarnos que el padre del propietario de la empresa que queríamos visitar ha muerto y que no trabajan. ¿Y mañana? “No creo que lo hagan tampoco, si queréis os llamo a otro sitio”. Clara, con su astucia le soltó al muchacho: “Oh, qué pena, voy a llamar yo para ver qué me dice”. ‘Dit i fet’, llamó y habló con los del negocio sin ningún problema, sin que hicieran mención alguna al fallecimiento de nadie. Reservamos para la tarde con recogida incluida. Le entraron ganas de pegarle cuatro gritos al melón de la recepción pero logré calmarla y que desistiera, aunque teníamos ganas.

Clara dando rienda suelta a su creatividad en la  cabeza del elefante.

Clara dando rienda suelta a su creatividad en la cabeza del elefante.

El hecho de que nos la intenten colar en cada momento hizo que nos entrara la paranoia hasta el punto de pensar que sí, que habíamos hablado con alguien de un negocio de elefantes pero que quizás el colega de la recepción había marcado el número de teléfono que le interesaba por lo que acabaríamos yendo donde él quería. No veáis la alegría que me entró cuando el conductor que nos recogió (un señor mayor con pocas pintas de querernos estafar) nos dijo que venía de Elefantastic. Aún así, desconfié hasta el momento en el que se me presentó el dueño de la empresa y vi que todos los empleados llevaban el uniforme igual con el nombre que tocaba.

Las pinturas utilizadas están hechas a partir de materiales naturales, se van con el agua.

Las pinturas utilizadas están hechas a partir de materiales naturales, se van con el agua.

Fue una puta pasada. Así de claro, sin preocuparme por lo políticamente correcto ni por el horario de menores. Culpa del tráfico llegamos algo más de 30 minutos tarde y nos lo compensaron alargando la actividad. Primero dimos de comer a Brilian, nuestra elefanta, a la que bautizamos a la menorquina como Brillanteta. Después la pintamos con un tipo de pintura natural hecha a partir de elementos que no son nocivos ni químicos. Tras dejarla como un árbol de Navidad cutre, la limpiamos con una manguera subidos a su lomo.

Limpiarlo forma parte de la experiencia de Elefantistic.

Limpiarlo forma parte de la experiencia de Elefantistic.

La idea de meternos en el río con el animal nos parecía muy molona pero leímos en la web de la empresa que el departamento de Salud del Gobierno Indio no lo permite por cuestiones obvias. Ya os he comentado las cosas que pasan en los ríos.

Al acabar y a pesar de que estaba oscureciendo, nos dejaron dar una vuelta a lomos de la elefanta por unos terrenos adjuntos a la instalación. Fue genial porque había una ligera brisa cálida que te abrazaba tan fuerte que ligada al andar torpe pero seguro del animal te invitaba a dormirte mientras contemplabas un cielo estrellado imponente. Sí, fue como un sueño.

Pero no acabó allí. Al acabar el paseo nos llevaron a cenar a casa de la madre del propietario como parte del pack contratado. ¿Os podéis creer que ha sido con diferencia la mejor comida india que he probado desde que llegamos? Platos típicos (me quedé con las ganas de preguntar qué había hecho para aprender a hacerlo) y sin picante. Además compartimos mesa con un par de chicos de Inglaterra, Benjamin y Sara, que la verdad fueron muy simpáticos. De hecho intentaremos ir al mismo hotel al que van ellos en Pushkar (compartimos ruta aunque no timming) para hacer alguna actividad juntos allí. Fue como si por unos momentos no estuviésemos en la India si no en el paraíso. (Guys, if you read this and want to met send us an email to bloggchileros@gmail.com ’cause there weren’t rooms aviables on Paramount!! Wifi it’s not going well I promise you we will put our photo on Pushkar Hotel!)

Para acabar, al llegar al hotel nos encontramos con Beatriz, una chica de Madrid que lleva 15 días viajando por la India sola y que también está teniendo sus problemillas. Tras pasar un buen rato contándonos las penas decidimos que este domingo visitaríamos el fuerte de Ambar juntos, el atractivo estrella de la ciudad con el que nos despediremos y pondremos rumbo a Pushkar.

Namasté!