SUR MA ROUTE

 

 

Alitas de pollo

 

Tengo 36 años y la vida me ha dado la oportunidad de conocer y explorar el mundo. Muchas veces me pregunto ¿Dónde comenzó todo? Realmente no recuerdo tantos viajes de niño con la familia, quizás el más significativo fue el que hicimos todos a Mérida. Lo recuerdo como si fuera hoy, cruzar el puente de concreto más largo del mundo en Maracaibo, fue toda una experiencia. Para ese entonces viajar en la parte trasera del carro me provocaban náuseas, pero hacerlo en el Malibú clásico del 79, con la familia, eso curaba cualquier mal. Como buenos maracuchos, ir a Mérida era un “must”, un lugar mágico, donde descubres que puedes sentir frío sin necesidad de aire acondicionado, todo verde a tu alrededor, respirar aire fresco, ver las montañas más altas de tu vida, es lo más cerca que puedes estar del cielo.

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Luego recuerdo cuando ingresé a los Boysccouts. Fue la primera vez en viajar solo, donde conocí playas, montañas, llano, comencé a enamorarme de la hermosa Venezuela.  Más adelante, con mis amigos del liceo, empecé a conocer el mundo desde otra perspectiva, interiorizamos aún más lo bendecido que éramos. Con el mismo grupo de amigos comenzamos a evangelizar y visitamos los rincones más pobres de Maracaibo y nos entregamos en cuerpo y alma. Nos sentíamos invencibles como buenos adolescentes, pero la realidad nos dio la mejor lección. Valoramos mucho más la vida, entendimos cosas como: tener el zapato de moda no nos hacía mejores, que para muchas personas el tener un plato al día era la bendición más grande del mundo.

No fue sino hasta los diecinueve años gracias a una entrevista de trabajo, tuve la oportunidad por primera vez de viajar en avión, volé a la ciudad de Barquisimeto. Este capítulo lo llamo el gran cambio, dejé a la familia para comenzar una nueva etapa, me mudé a esas tierras larenses y fue el inicio al adulto independiente. Un año después comenzó la travesía, llegó el pasaporte internacional y con él, los viajes a Colombia, Brasil, México, Guatemala, Argentina, Panamá, Canadá y también nuevas personas, sabores, acentos. Conocí otro tipo de naturaleza, el mundo ya se estaba haciendo más grande. Para ese entonces también viaje dentro de Venezuela tenía la clara convicción que si algún día me iba del país primero tenía que conocer sus bellezas. Escalé el Pico Bolívar (Mérida), el Humboldt (Caracas), Roraima (Bolívar), conocí el color más azul que he podido ver Los Roques, cabalgue en los Llanos, y así recorrí playas y ríos de Venezuela.

Pasaron algunos años y por circunstancias del país tomé la decisión difícil y a la vez gratificante de mi vida, suena paradójico pero es la verdad, dejé un país, familia, amigos, zona de confort  por apostarle a lo desconocido. Con la ayuda de buenos amigos apareció Italia como la opción principal y fue allí donde ocurrió  el encuentro conmigo mismo y con otra parte del mundo que se abría a mis ojos. A partir de este momento he vivido en cuatro países, hablo cuatro idiomas y he conocido más de lo que alguna vez imaginé.

Mi mamá dice que me encanta volar porque siempre me han gustado las alitas de pollo, quizás esa sea la razón de todo, realmente no lo sé, me hace gracioso pensarlo. Mientras tanto aprovecho cada oportunidad para seguir conociendo. Seguiré dejándome sorprender por la vida y seguiré compartiendo mis aventuras a través de mis fotos y mis palabras.

 

NOTA: LAS FOTOGRAFÍAS SON PROPIEDAD DEL AUTOR. ARTURO FERRER

POR: ARTURO FERRER