Valle sagrado de los Incas

Rumbo a… El valle sagrado de los Incas

En una ocasión, charlando de cosas sin importancia con un señor, éste, al enterarse de que había estado en Perú, me pidió que, por favor, le contara como viví el valle sagrado de los Incas, ya que uno de sus sueños era conocerlo. Este relato que os presento fue mi respuesta.

Un 9 de julio me encontraba observando desde un corredor de piedra y madera verde en un antiguo convento de la ciudad de Cuzco… (es fácil trasladarse a tiempos pasados en estos lugares) llevaba mi mochila preparada para dos días… las maletas se quedaron en el “store”,  me estaba fijando en las paredes rojas y las contraventanas de color azul intenso cuando me llamaron… Elenaaa nos vamos!!!

Nos dirigimos hacia el Valle Sagrado de los Incas… todo nuestro viaje lo hacemos bordeando el río que se convertirá más adelante, en el río sagrado Urubamba, pasando por Pisac, las ruínas de Ollantaytambo, con sus terrazas y casas incas, murallas de grandes piedras con sus cortes perfectos, curvadas para encajar en un gran puzzle y jajajaj la guía “deprisaaa deprisa que ésto se va a caer” 

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Ya con la noche llegamos a Urubamba a descansar. Mañana, el ferrocarril nos llevará a Aguas Calientes, desde donde partiremos hacia La Montaña Vieja, en quechua, Machu Picchu.

Cierro los ojos pensando “nos acercamos al gran día”.

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Emociones tan intensas y únicas son muy difíciles de describir, como la primera vez que vi Machu Picchu o como describir ver amanecer allí al día siguiente… como el frío, te mantiene tu emoción paralizada hasta que, el sol, muy poco a poco, con sus rayos, va iluminando, primero lo más alto del Huayna   Picchu y va bajando muy despacio iluminando casas y templos de la ciudad perdida de los Incas, volviendo ésta, a nacer de nuevo y la emoción es tan grande, que tus ojos sólo tienen ganas de llorar y tu boca se queda entreabierta, no creyendo lo que está viviendo…

Ese día subimos a la Puerta del Sol acompañados por llamas y desde lo más alto, ves la ciudad con su forma de Cóndor y notas el cansancio del madrugón de las 3:30.
Entonces es, cuando desde una de sus terrazas verdes, te tumbas y dejas de pensar y sólo disfrutas, nada más, sólo eso…

¿Espiritual? si podría ser así… recuerdo que lo fue el captar con las manos, las buenas vibraciones de la roca sagrada…

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El Perú es pura emoción…

No sólo estas montañas viejas o sus ruinas incas, es ver volar al cóndor en el Colca, navegar en el Pacífico para saludar a los leones marinos… sonreír con los pingüinos de Humbolt en las Islas Ballestas, pasar frío a 4900m cruzando cráteres de volcanes nevados, observar los cormoranes en los acantilados de Paracas, buscar fósiles en el desierto de Atacama, ver llover en Aguas Calientes, navegar en totora en lagos que parecen mares como el Titikaka y cantar junto a niños uros…

Tu sueño te está esperando, no lo dejes escapar.

 

 

Elena madre <3

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