Una cama en Burnaby

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Ahora que vuelvo a dormir en una cama de 90, a menudo pienso en La Queen, mi cama de etapa anterior.

La Queen llegó a casa en furgoneta y fue barata.

La Queen sabe bastante sobre mí aunque hemos pasado poco tiempo juntas y nunca me he sonado los mocos con sus sábanas.

La Queen y yo hemos leído muchísimo juntas, hemos visto series infumables en tardes de frío y nieve y hemos experimentado los agradables efectos somníferos de algunas plantas. 

Sobre La Queen he tenido sólo una pesadilla: una en la que me hundía en arenas movedizas calzando botas de pescadero. Y fue por culpa de quien me acompañaba aquel día, que me provocaba extraños modos cerebrales. La Queen nunca me ofrecería pesadillas injustificadamente.

A La Queen la dejé en manos de mi querido Orlando aunque creo que ya tiene otro cuerpo reposando sobre su ser acolchado de cama de segunda mano.

Me pregunto qué soñará quien la habite ahora.

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